Pregunta. El jinete eres tú, pero… ¿Me permites llevar las riendas de la entrevista?
Respuesta. Sí, será mejor. Solo me siento capacitado para llevar las riendas de mis caballos, y también las del colegio.
P. Empecemos por lo primero. ¿Cuándo se produce tu inmersión en el mundo equino?
R. La afición se la debo a mi suegro, fue él quien hace 18 años me introdujo en el mundillo de la equitación. Desde entonces no he parado. Actualmente tengo cinco caballos. Nabuco es mi ojito derecho, un pura raza española con el que compito en concursos de doma clásica regionales y nacionales.
P. ¿Marcha a buen ritmo la estantería de trofeos?
R. Poco a poco. Ya tengo varias escarapelas con primeros puestos, pero también hay resultados no tan buenos.
P. ¿Algún día de campo ha acabado en la botica? Y no me refiero a que te tocase trabajar…
R. O… ¡Directamente en el hospital! El historial de sustos va parejo al de éxitos: múltiples caídas, roturas de escafoides, una hemorragia cerebral con varias semanas de reposo… Los caballos son muy poderosos. Aunque tengas mucha experiencia, si quieren que vayas al suelo, irás al suelo.
P. Como Nabuco, ¿la farmacia española también es pura raza?
R. Sí, lo es. Al igual que este tipo de caballos, nuestro modelo farmacéutico es único, fiable y merece todo tipo de atenciones.
P. De Guindos & Cia. quieren dejarlo a los pies de los caballos.
P. Esperemos que no lo consigan y que el modelo pueda seguir cabalgando hacia un norte únicamente sanitario.
P. Dicen que “Salamanca no hace milagros”. ¿Tampoco los haría la liberalización?
R. La liberalización es una amenaza recurrente cada equis años. Mi madre, también farmacéutica, siempre me lo recuerda: “Carlos, no te preocupes, cada cierto tiempo vuelven a la carga con el mismo tema”. Quiero creerla y pensar que ganaremos la batalla una vez más, aunque no la guerra, ya que la historia dice que siempre estará abierta.
P. Me decías que te gusta la doma clásica. Pero para llegar al sector apostaste por el rodeo, ¿verdad?
R. Empecé estudiando Biología, ya que me gustaba mucho la Botánica y la investigación. Luego me dio por estudiar Ingeniería Ambiental. Fue precisamente mi madre quien me acabó convenciendo para que también estudiase Farmacia.
P. “Haz caso a tu madre”, como suele decirse.
P. Lo consiguió durante una visita que me hizo a la residencia de estudiantes en la que me alojaba en Madrid mientras cursaba Ingeniería Ambiental. No me preguntes por qué sí ese día concreto, pero me convenció.
P. Balance final: tres carreras. Como buen salmantino, se nota tu gusto por la vida universitaria.
R. Incluso luego hubo más: título en Óptica y Acústica, Ortopedia y diplomado en Nutrición y Alimentación. Aunque el saber no ocupa lugar, si echo la vista atrás creo que he perdido mucho tiempo estudiando y al final no sé tanto.
P. Rescatemos tu faceta de ingeniero. ¿Qué informe ambiental emitirías de la farmacia?
R. Hay mucho desánimo: bajadas de precios, de la rentabilidad, impagos, anteproyectos liberalizadores que se presentan como una espada de Damocles… En definitiva, mal ambiente y miedo.
P. Muchos obstáculos difíciles de saltar hasta para Nabuco.
P. Para coger impulso y superarlos, el suelo tiene que ser firme. Y en nuestro caso, tampoco lo es.
Por sus orígenes familiares (Galicia, donde también veranea), lugar de residencia (Castilla y León) y estudios (Madrid), Carlos García (Salamanca, 1965) ha pasado “media vida” en la A-6. El pasado abril cumplió su primer aniversario al frente del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Salamanca, donde previamente ocupó las vocalías de Óptica y Alimentación. En lo familiar, es un eslabón más del mini-SNS que tiene en casa. Su padre fue otorrinolaringólogo. Madre, mujer y hermana son farmacéuticas. Su otro hermano, traumatólogo. ¿Hay colaboración multidisciplinar en el hogar? La profesión ‘tira’: “Suelo pedir consejo a ellas. Mi hermano tiene otra visión de la Sanidad”, dice.






































