Pregunta. Un estudio de la Universidad de Birmingham concluye que los niños tienen talento natural para la fotografía. ¿Lo tuyo empezó siendo un juego de niños?
Respuesta. Empezó más tarde, mientras estudiaba la carrera de Farmacia. Todavía era la época analógica, hacía mis propios carretes y revelaba yo mismo. Luego lo dejé hasta que, ya en la era digital, me regalaron una cámara compacta y volví a recuperar las ganas.
P. Consideras la fotografía como un “acto íntimo”. ¡Yo creía que las intimidades no se revelan!
R. Lo entiendo como un acto íntimo porque siempre intento viajar en solitario, con mi cámara, para poder deambular a mi rollo por las calles de los lugares que visito. No concibo eso de ir en grupo haciendo todos la misma foto. Y tampoco quiero ser catalogado como el pesado del grupo que dispara continuamente.
P. Hablando de disparar. Por tu condición de boticario, ¿cada foto que haces es tu particular fórmula magistral?
R. Sí. En este arte no existe una ‘farmacopea’ que diga cómo debe ser cada instantánea. Y ya luego con el ordenador puedo añadir otros… ‘Principios activos’.
P. Una clínica española convoca anualmente el concurso fotográfico ‘Ojo clínico’. Si existiese la versión ‘Ojo farmacéutico’, ¿el premio sería tuyo?
R. Cuando salgo a hacer fotos intento olvidarme de mi condición profesional. Si pensase en las recetas que me quedan por facturar o en pedidos por hacer, me volvería para casa. Tiro de ‘ojo humano’.
P. ‘Trece foto-relatos’ es una de tus exposiciones. ¿Cuántas imágenes y relatos en tu día a día en la botica serían dignas de exposición?
R. ¡Muchas, cada día! La confianza que tengo con mis pacientes me permite conocer mil historias que serían dignas de convertir en imagen o relato.
P. Centrémonos en la imagen que proyecta el SNS. ¿Crees que a la farmacia la están sacando de plano?
R. Sí, y es un error. Deberíamos estar en el centro del mismo. La red de farmacias destaca por su diseminación, y ese es un efecto visual muy bueno en fotografía.
P. ¿Demasiados retoques en el laboratorio del madrileño Paseo del Prado?
R. Todo fotógrafo sabe que si se retoca mucho una imagen, esta puede acabar crispada y perdiendo su significado.
P. Boticario o fotógrafo, ¿hacia dónde enfocas tu futuro?
R. Ojalá pudiera combinarlo y vivir de la farmacia, que ya no es fácil, a la vez que sigo mejorando como fotógrafo.
P. Acabo con otro estudio. Un investigador de la Universidad de Nueva York dice que ver la foto de la pareja mitiga el dolor en igual proporción que el paracetamol. ¿Qué me recomienda?
R. Al precio al que se encuentra ya el paracetamol, quizá te aconsejaría la foto. Al menos me producirá mayor satisfacción personal que una dispensación.
Quien desee conocer al Jesús González (Madrid, 1971) farmacéutico, deberá acercarse al madrileño distrito de Latina, donde ejerce como titular de una botica desde hace más de una década. Si quiere conocer al fotógrafo, se hará una idea visitando su exposición ‘Anatomia cubana’, dedicada a la Isla caribena “y sus gentes”, en el Nuevo Espacio Cofares (Santa Engracia 31, Madrid). Allí encontrará imágenes nostálgicas, melancólicas… Pero no de dureza, ya que son un tipo de instantáneas que González tiende “a guardar en el cajón”. “In my eyes”, “Remenber me” y “Retratos de una casa de mi infancia” son otros de sus proyectos ya convertidos en realidad. ¿Los próximos? Su gusto por “el desconchón y las arrugas” le hace tener en mente un futuro viaje, y la consecuente exposición, sobre ‘Rumanía rural’.






































