J. NIETO Madrid | viernes, 14 de febrero de 2014 h |

A pesar de los problemas económicos por los que atraviesan las farmacias españolas, agravados por una fiscalidad muy alta y por falta de capitalización, las patronales farmacéuticas se oponen frontalmente a dejar parte de la capitalización en manos de inversores no farmacéuticos, “por mínima que esa sea”. Y es que, estiman que sería abrir la puerta “a cadenas o franquicias de farmacia encubiertas”.

Fernando Redondo, presidente de la patronal estatal FEFE, es contundente al decir que “el modelo de negocio no puede ser ese”. Según él, “es un melón que se intentó abrir desde fuera y lo que no se puede hacer ahora es abrirlo desde dentro”. Además, incide en que a pesar de la Ley de Sociedades, en España las licencias para abrir una farmacia “se conceden a una persona física, no jurídica, por lo que no es viable ese capital no farmacéutico”.

Del mismo modo se pronuncia Antonio Torres, presidente de Fefac, al indicar que pese a que “es cierto que la vía para garantizar el futuro de las farmacias es obtener financiación, esta no puede venir, en ningún caso, de fuera de la farmacia”. Sobre este particular, precisó que “la farmacia tiene que encontrar vías de financiación, pero dejar la puerta abierta al capital no farmacéutico no es bueno para el modelo farmacéutico”.

Otras vías

Vista la oposición de los profesionales farmacéuticos, la pregunta es si es posible buscar alternativas de capitalización sin poner en riesgo el modelo de farmacia actual. Ante esta cuestión, los boticarios españoles miran hacia Francia, que mediante la aprobación del decreto 466/2013 modificó su ordenación farmacéutica y dio marcha atrás a una situación que había derivado desde 1991 en que, a pesar de que los farmacéuticos eran los titulares de la autorización de las farmacias, la parte económica del negocio se encontraba cada vez más en manos no farmacéuticas.

“El modelo francés es un ejemplo de que abrir la puerta al capital no farmacéutico pondría en riesgo el modelo”, indica Redondo, que precisa que a pesar de no estar del todo de acuerdo con el hecho de que un farmacéutico pueda participar en el capital de otras farmacias (lo mismo que ocurre en el caso de Alemania), sí se garantiza un modelo en el que priman los intereses sanitarios porque “se trata de otro farmacéutico, de una persona física”.

Esta vía también es puesta como ejemplo por Torres, que apunta que este ‘flujo interno’ de financiación “podría ser una vía para solucionar los problemas de capitalización”. Eso sí, también apunta que no es el único camino, y que este también podría pasar por “ver la forma legal para que el farmacéutico, como persona física, pueda tributar como sociedad conservando la propiedad titularidad”, como en otros países.

Una solución con la que coincide Redondo, que apunta a las sociedades unipersonales, además de indicar la necesidad de optimizar “inasumibles” costes de gestión (distribución o gastos colegiales), que los boticarios recuperen capacidad de gestión como la posibilidad de hacer descuentos, o que se elimine el IVA en los medicamentos.