R.C./C.A. Madrid | viernes, 12 de julio de 2013 h |

Monitorizar los niveles en sangre de fármaco libre y de anticuerpos en el tratamiento con fármacos que bloquean el factor de necrosis tumoral (anti-TNF) es fundamental para tomar decisiones terapéuticas tan relevantes como cambiar o no de un fármaco a otro o incluso probar con otra diana terapéutica. Al menos así lo asegura Dora Pascual-Salcedo, adjunta al Servicio de Inmunología del Hospital Universitario La Paz, en Madrid.

De hecho, en su hospital este análisis se realiza de manera rutinaria en todos los pacientes en tratamiento con infliximab DCI, adalimumab DCI o etanercept DCI. Además, si bien Pascual-Salcedo reconoce que esta determinación se lleva a cabo en algún otro hospital además de en La Paz, también explica que en estos casos se suele restringir solo a una especialidad y a un número limitado de pacientes, normalmente que van mal o que están dentro de un proyecto de investigación o ensayo clínico.

Pero esta “herramienta objetiva”, tal y como la define Pascual-Salcedo, no solo sirve para ayudar a los profesionales sanitarios a tomar decisiones de tipo terapéutico, sino que además ha puesto de manifiesto que un aumento en la dosis de estos fármacos, si no están siendo eficaces por la presencia de anticuerpos, no supone una mejoría clínica a largo plazo y sí un encarecimiento del tratamiento.

De ahí que en los últimos años una buena cantidad de investigaciones en este campo se estén centrando en estudiar la dosis mínima de fármaco eficaz en los pacientes en remisión clínica o con baja actividad de la enfermedad, con objeto de evitar efectos secundarios en los pacientes y reducir costes. La práctica de una monitorización personalizada de la terapia es un objetivo buscado por la mayoría de los grupos que trabajan en este campo, por los beneficios que puede suponer tanto para el paciente como para la gestión económica del hospital.

Y es que la reducción de la dosis manteniendo la eficacia clínica, por disminución de la pauta o alargamiento de los intervalos de administración, puede repercutir en una notable disminución de gastos asociados a un exceso de fármaco innecesario. Un aspecto importante teniendo en cuenta además el elevado coste farmacéutico de estos medicamentos.

Análisis

Y todo ello a partir de un análisis “muy sencillo”, destaca Pascual-Salgado, pero que puede revelar interrogantes tan importantes como por qué un tratamiento no está yendo bien. De hecho, el análisis de los resultados de estas medidas de actividad clínica de los pacientes está permitiendo diseñar una pauta de actuación en este hospital, con el objetivo de ayudar a los profesionales sanitarios a tomar una decisión terapéutica en este sentido.

Así, según el algoritmo diseñado por La Paz, un paciente que no nota ninguna mejoría clínica al inicio del tratamiento con alguno de estos tres fármacos, manteniendo niveles circulantes de estos medicamentos en sangre, sin presencia de anticuerpos, se beneficiaría de cambiar a otra diana terapéutica, siendo clasificado en el grupo de los “no respondedores primarios”. En cambio, aquel paciente que presentó respuesta clínica inicial, experimentando una posterior pérdida de eficacia asociada a la detección de niveles bajos de fármaco o a la aparición de anticuerpos anti-fármaco, se podría beneficiar cambiando a otro medicamento, pero manteniendo el enfoque hacia esa misma diana terapéutica.

En cuanto al futuro, Pascual-Salcedo apunta a la posibilidad de hacer determinaciones en fármacos para otras dianas terapéuticas y a extender esta práctica por toda la geografía española.