carlos b. rodríguez Madrid | viernes, 08 de noviembre de 2013 h |

Que Juan Antonio Bayona disculpe la apropiación de este título, pero el término ‘lo imposible’ viene a cuento desde dos puntos de vista para este asunto. Positivamente, como un reto de superación en circunstancias muy adversas y, a la vez, como algo que, objetiva y negativamente, no puede ser. Friedrich Nietzsche hablaba en uno de sus libros del famoso mito del “eterno-retorno”, de la vida como un círculo donde no debemos obsesionarnos por el pasado porque todo vuelve, aunque uno no piense demasiado en ello. Es nuestro sino. Por eso, que nadie se extrañe si en un futuro el Pacto de Estado por la Sanidad vuelve a estar en boca de todos.

Quizá esa obsesión con el pasado ha sido en esta ocasión el detonante del fracasado intento de alcanzar una tregua política en el ámbito de la política sanitaria, y que ha supuesto ver este nuevo intento como algo imposible que, objetiva y negativamente, no puede ser. Estaba claro desde sus inicios que el acuerdo político estaba condenado al fracaso. La pretensión de hacer un ‘revival’ del Pacto de Toledo no ha tenido ningún éxito, por no decir que ya no tiene ningún sentido. Hoy, el Pacto de Toledo está más en tela de juicio que nunca debido a la reforma de las pensiones.

El haber atravesado la peor crisis de la historia reciente ha derribado esquemas a muchos niveles. Está claro que ya nada va a ser como ayer y que el Sistema Nacional de Salud va incluido en ese paquete. El fracaso del enésimo intento de los grupos del Congreso para firmar un Pacto Sanitario debe llevar a esta reflexión para que, en la siguiente intentona, la clase política tenga en cuenta esta teoría compartida por todos e intente aplicarla de una forma práctica. También deberán tener claro que, para entenderse, todos tendrán que ceder, algo que hoy nadie está dispuesto a hacer.

La espantada de Concepciò Tarruella de la subcomisión que ella gestó en nombre de CiU ha acabado de un plumazo con la principal pretensión sanitaria del Gobierno del PP. Ahora, Ana Mato se queda con ‘su pacto’, el que firmó con los médicos y enfermeros en julio y que la semana pasada se extendió a los farmacéuticos.

No se trata de unos acuerdos sin importancia, porque si para alguien es positivo y necesario el Pacto es para el sector. Pero estos acuerdos no eliminarán las trabas que hoy impiden el pacto con mayúsculas: falta conciencia de Estado y la Sanidad sigue siendo un prisma con 17 caras, que además da mucho juego en época de elecciones… Dos condiciones muy difíciles pero obligatorias si realmente se quiere hacer posible ‘lo imposible’: alejar la Sanidad del debate político.