Alberto Cornejo Madrid | viernes, 24 de octubre de 2014 h |

Pregunta. Paco, maestro para muchos… ¿Y alumno de quién?

Respuesta. De Hepler, Strand, Joaquim Bonal, María José Faus… Y tantos otros con los que he formado equipo, como Miguel Ángel Gastelurrutia.

P. Para ser referente en el presente, ¿hubo que ser incomprendido en el pasado?

R. Hay que ser incomprendido en el pasado, presente y futuro. Recientemente, en una reunión con compañeros de profesión, se planteaban ciertas cuestiones con las que estaba en desacuerdo y propuse una votación. Éramos treinta personas, entre ellas mi mujer, y nadie votó a mi favor.

P. En todo caso, no fue peor que lo sucedido en Málaga en 1997, ¿verdad?

R. En esa ocasión viví uno de mis peores recuerdos profesionales. Durante un congreso nacional farmacéutico, me pidieron que preparase una ponencia sobre posibles sistemas retributivos. Estudié varios modelos y presenté el más beneficioso. Pues bien, fui reprendido e insultado. Me hicieron llorar. Lloré por exponer lo que ahora muchos defienden.

P. A riesgo se pecar de ‘abuelos cebolleta’, quiero que como ‘padre’ de la atención farmacéutica (AF) en España me cuentes como empezó.

R. Tiempo después, me llamó Flor Álvarez de Toledo porque nos habían encargado organizar un congreso de Ciencias Farmacéuticas. Teníamos como ‘maestro’ y referencia internacional a Hepler y queríamos contar a toda costa con su participación. Sabíamos que iba a viajar a Lisboa a un congreso de la FIP… Y allí me fui a convencerle.

P. ¿Valió la pena el viaje?

R. ¡Yo no tenía ni idea de inglés! Cuando le vi, solo le repetí una y otra vez “You are the number one”, y utilicé a la recepcionista del hotel de traductora. ¡Conseguí que viniera! Tras el congreso, y ya que era judío, lo llevamos a conocer Toledo. Allí nos ‘encerramos’ con él unos días y nos trazó las líneas a seguir en España.

P. En esa particular ‘Transición’ que buscabais para la farmacia, ¿hubo que seguir huyendo de los grises?

R. Hubo un movimiento para cargarse la AF antes de que arrancara. Sucedían cosas muy extrañas: las revistas se llenaron de artículos en contra nuestra, se organizaban comidas para ‘tumbarla’… Pero conseguimos que Bonal apoyase la creación de la Fundación Pharmaceutical Care y sabíamos que nadie tendría valor a llevar la contraria a Bonal.

P. Tras la Fundación, el 27 de julio de 2000, del ‘Pacto del Cuzco’ nacía Sefac.

R. Así es. Nos reunimos un grupo de gente muy competente en el Hotel Cuzco de Madrid. De ahí nos fuimos en taxi a presentar la nueva sociedad al Consejo General, al Ministerio, a la Real Academia de Farmacia… Recuerdo que a los periodistas les dijimos que éramos 500 y en verdad apenas éramos una veintena.

P. Ese día en Perú se produjo la movilización popular ‘Marcha de los cuatro suyos’. Por lo que dices, la vuestra era la de los ‘cuatro gatos’, ¿no?

R. ¡Nos llamaban los boinas verdes! Más bien era la marcha de los cuatro ilusos. Pero si de algo me siento orgulloso es que esos cuatro ilusos seguimos aun manteniendo intacta la ilusión.

P. Yo tengo la ilusión de saber qué fue de ‘pitufo boticario’…

R. Era el seudónimo que usaba en mí época juvenil para firmar artículos en revistas. Quise resucitarlo para mi blog, pero al final ha vuelto a caer en el olvido.

Si en farmacia se otorgasen cruces (verdes, claro está) al mérito en el trabajo, de la solapa de Francisco Martínez (Jaén, 1951) colgarían varias. Bien por los años de ‘servicio’, por fundar y ser presidente de Honor de Sefac, o por crear un Aula de Prácticas Farmacéuticas en la Universidad Cardenal Herrera-CEU. A ello sumen otro ‘cargo’ de cierta responsabilidad: ser voz autorizada en el sector.