Pregunta. Como buen estudiante, la primera cuestión es para nota. ¿Qué número de entrevista es esta desde el 27 de enero?
Respuesta. Creo que llevo treinta. Esta será la primera más informal. Porque es informal, ¿no?
R. Sí, puedo asegurarte que no supondrá tanta presión como jugarte el oro con los daneses.
R. No hay problema. Todas son consecuencia del éxito y las hago con una alegría especial.
P. Se calificó la final que jugasteis como “perfecta”. ¿Tan clara era la fórmula magistral para ganar?
R. Nadie esperaba un partido tan perfecto. Quizá el secreto fue darles su propia medicina: agresividad y contraataques.
P. ¿Mucho trabajo previo de laboratorio?
R. Una final exige mucha preparación, pero no había tiempo. Sí hubo mucho trabajo psicológico.
P. Como futuro farmacéutico, ¿cuáles son los efectos secundarios de una gesta así?
R. A corto plazo, ser el centro de atención, cierta fama, muchas entrevistas… Pero los efectos se han ido diluyendo.
P. ¿Hubo sobredosis de euforia?
R. Por momentos sí te sientes el rey del mundo. ¡Es que fue la hostia! Días después todo vuelve a la normalidad, cuando regresas a los entrenamientos.
P. No sé si como pequeño homenaje aparcaste los estudios durante algunos días.
R. La verdad es que sí. Eso sí, te digo que suelo llevarme los apuntes a los campeonatos, pero luego no los toco. Bien por cansancio o por miedo a descentrarme de la competición.
P. Imagino que a partir de ahora no serás un alumno más de la Facultad de Farmacia de la UCM.
R. Excepto para algún profesor y amigos, hasta ahora pasaba desapercibido. Supongo que ahora sí me reconocerá más gente.
P. Para conseguir apuntes, en vez de sacar los Donnettes… ¿Tirarás ahora de medalla?
R. Hay profesores y compañeros que ya me han pedido que la lleve, aunque tengo miedo de perderla. Me la llevaré para presumir un poco, ¿por qué no?
P. No olvides pasarte por la cafetería, por si cae una caña gratis.
R. Aún no me he pasado. Pero sí sé que mis amigos ya han pedido al camarero que se invite a una ronda para celebrarlo. Si a ellos les cae, espero que a mí también.
P. El ‘6.0’ y el ‘5.1’ son tácticas del balonmano. ¿También números habituales en tu carrera?
R. Son números que me valen perfectamente. Antes sacaba notas excelentes, pero desde que compagino los estudios con el deporte de élite, el objetivo solo es acabar la carrera como sea.
P. Pensemos en el futuro. ¿Tienes ya preparado el mensaje para la afición cuando cambies las rayas rojiblancas por el blanco?
R. ¿Por qué no mejor un cambio de look en el vestuario del farmacéutico? Creo que nuestra afición entenderá mi paso a este blanco.
P. Hablando de vestuario. En caso de duda, ¿los jugadores del Atleti piden consejo a su farmacéutico?
R. Mejor al entrenador. Pero por mi posición en el campo, si noto a algún compañero dubitativo sí tengo que meterle en el partido.
Joan Canellas (1986, Santa María de Palautordera, Barcelona) podría presumir de ser campeón del mundo de balonmano, e incluso de ser el máximo goleador de la final, pero en su pueblo siempre será “el hijo de María la farmacéutica”. Niega que su progenitora le llevase al Palau Sant Jordi todas las existencias de valium de su botica. “Los hubiera necesitado para octavos, ahí si había miedo al fracaso”, reconoce. El jugador del Atlético de Madrid se toma con más calma, obligada, sus estudios de Farmacia, está en cuarto curso. No descarta especializarse en Biotecnología, para alivio del médico de su pueblo, no sea que le salga la vena de jugador y no pare de bloquear… prescripciones.






































