Ante una coyuntura económica como la actual, las dos soluciones más comunes son potenciar el Producto Interior Bruto (PIB) mediante incentivos o devaluar la producción para aumentar las exportaciones. Sin embargo, esta segunda medida política puede torpedear unos estándares de calidad que para la industria farmacéutica son dogma principal en la elaboración de sus productos.
En este sentido, cabe destacar que la última medida legislativa adoptada por el Gobierno, la Orden de Precios de Referencia, ha eliminado el umbral mínimo y ha puesto en un serio problema de supervivencia a la industria del genérico en España. Como ya explicó EG, establecer precios para el tratamiento mensual del colesterol similares a los de una barra de pan puede conllevar la inviabilidad comercial de ciertas moléculas, con la consiguiente reducción de producción de las plantas de fabricación y la posibilidad de tener que prescindir de personal para hacer viable el proyecto empresarial.
Diez de las compañías más importantes de la industria del genérico instaladas en España han facilitado datos que demuestran su contribución al tejido industrial español. Unas cifras que muestran la peligrosidad de dañar una estructura que puede ser clave para la salida de la crisis.
“Creo que el actual Sistema de Precios de Referencia ya no tiene mucho sentido. Se debería estudiar otra forma de conseguir un acuerdo por el que los precios que tengamos sean interesantes tanto para la Administración como para la industria de genéricos”, explica Jesús Govantes, director general de Normon. Esta compañía, que da empleo a más de 1.200 personas, inauguró en 2006 sus nuevas instalaciones en la localidad madrileña de Tres Cantos, con más de 80.000 metros2 construidos.
La necesidad de construir un Sistema Nacional de Salud sostenible ha llevado, tal y como alerta Raúl Díaz-Varela, consejero delegado de Kern Pharma, “a políticas cortoplacista orientadas únicamente a depreciar el valor del medicamento”. Y es que, si bien ha habido posibilidad de ajustes que la industria ha llevado a cabo, los estándares de calidad necesitan de un valor añadido que está siendo dañado.
Sobre este particular, destaca que la contribución de Kern Pharma al tejido industrial nacional se basa en 570 puestos de trabajo y plantas de fabricación y producción con una extensión de 54.000 metros2. “Calidad significa también asegurar una eficiente actuación en materia medioambiental y de seguridad ocupacional. La gestión de la calidad integral asume el cumplimiento de los requisitos legales, así como los del cliente, habiendo obtenido desde sus inicios toda una serie de certificados oficiales”, explica Díaz-Varela.
En este sentido, Mar Fábregas, directora general de Stada en España, incide en la dificultad comercial para que algunas moléculas mantengan los estándares de calidad exigibles. “La eliminación del umbral hará que muchas compañías se replanteen la viabilidad de ciertos productos. En el caso de la simvastatina de 10 mg, con una reducción del 40 por ciento, es muy difícil mantener los estándares de calidad”, dice. En España, Stada dispone desde 1997 uno de los vademécum más amplios, incluyendo a los principios activos más prescritos en atención primaria y atención especializada.
Otro ejemplo de contribución lo representa Cinfa. La compañía navarra, que cuenta con un equipo de más de 900 profesionales, se trasladó a una planta con mayor capacidad de producción en Huarte (Navarra) y en 2008 puso en marcha una segunda planta industrial en Olloki (Navarra), destinada a la fabricación de medicamentos genéricos de alta especialización. “El vademécum de medicamentos genéricos de Cinfa abarca todas las áreas terapéuticas y cubre el 90,3 por ciento de los principios activos comercializados en fármacos genéricos a nivel nacional”, asegura Javier del Río, director general de la compañía navarra.
Además de la industria nacida en España, existen multinacionales que se han instalado en España aportando un valor importante a la industria del genérico. Es el caso, entre otras, de Mylan, Teva o Apotex. “En octubre de 2007, Mylan se introdujo en España al adquirir la compañía Merck Genéricos. Actualmente somos unas 200 personas y contamos con un vademécum de más de 900 productos”, asegura Josep Longan, director general de la multinacional norteamericana.
El caso Teva también es reseñable. Con más de 800 empleados y una gran planta de producción y fabricación en Zaragoza, la compañía israelí representa un pilar importante de la industria del genérico en España. “En 2004, iniciamos nuestras operaciones en el mercado español y desde nuestra planta aquí destinamos aproximadamente el 50 por ciento de nuestra producción a la exportación”, explica Adolfo Herrera, consejero delegado de Teva en España.
Estos ejemplos y muchos otros son la fotografía que ilustra la capacidad de la industria del genérico. La necesidad de apostar por aquellos sectores que aportan valor debería ser constante en el tiempo, pero aún más cuando la crisis necesita argumentos sólidos.
Los concursos públicos de adjudicación de medicamentos suponen un problema para la producción nacional. Marcar como criterio más importante la mejora sobre el precio de las moléculas conlleva, inevitablemente, una externalización de la fabricación a otros lugares del mundo donde el trabajo profesional no está bien remunerado como en España. Los resultados de las subastas en Andalucía dan buena prueba de ello si se observa qué laboratorios han sido los que han conseguido acaparar mayor número de moléculas. Por ejemplo, producir en Eslovenia o en la India, por ejemplo, manteniendo una estructura empresarial esquelética en España, es la fórmula que las administraciones están avalando con medidas como esta.
La idea que se traslada desde las autoridades sanitarias y el único rincón para la búsqueda de un beneficio innato a la actividad empresarial se encuentra en vaciar las plantas de producción nacional para trasladar la estructura de producción y fabricación a otros lugares donde los costes sean más baratos. Los precios a los que la Administración a puesto a competir a las compañías van en contra de favorecer a la industria nacional y, por ende, a una generación de empleo que vive su peor momento desde hace muchos años.
Los tiempos en política, que necesitan réditos bisiestos, están abocando a políticas cortoplacistas que pueden lamentarse en un futuro no muy lejano con una destrucción de empleo mayor a la que se vive hoy día.






































