¿Cómo salta el descubrimiento de una molécula de la mesa del laboratorio de una universidad a los escaparates de una oficina de farmacia? ¿Cómo llega el conocimiento de una persona anónima a oídos del dueño de una empresa? Se produce gracias a las Oficinas de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI), entidades encargadas de llamar a la puerta de empresas e instituciones para ofrecer los resultados de investigación a los que se llegan en las universidades. Posteriormente, serán estas empresas las que comercialicen estos productos, que llegarán entonces a los ciudadanos.
Pero a pesar de su labor imprescindible en la investigación, la innovación y el desarrollo del país, no todos los investigadores conocen qué oportunidades les ofrecen las OTRI. Así, mientras que Sixto Jansa, director de la OTRI de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), habló de “convencer a profesores y alumnos de que hay que hacer transferencia”, Maria Carme Verdaguer, directora general de la Fundación Bosch i Gimpera, la entidad que gestiona la OTRI de la Universidad de Barcelona, explicó que ellos intentan ser “tan proactivos” como pueden.
Precisamente en la idea de acercar la investigación a alumnos y profesores, la UNED organizó el pasado mes de febrero una jornada, “Patentes: todo lo que un investigador debe saber”, a las que acudieron Pascual Segura, director del Centro de Patentes de la Universidad de Barcelona, y Carmen Toledo, jefa de la Unidad de Información Tecnológica del Departamento de Patentes de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM).
Durante la jornada, ambos explicaron la importancia de las patentes y recalcaron sobre todo una cosa sobre la que Verdaguer también hizo hincapié: antes de publicar, hay que patentar. Y es que, la falta de este requisito ha invalidado bastantes solicitudes de patente. Además, tanto Segura como Toledo advirtieron de la necesidad de que sea un experto el que redacte esta solicitud, también bajo riesgo de invalidación e incluso de diversas interpretaciones posteriores.
Las OTRI existen justamente para que no ocurran cosas como estas. Desde los primeros resultados hasta, si llega, la firma del contrato de licencia con una empresa, estas oficinas están al lado de los investigadores y se ocupan de los temas administrativos y comerciales, mientras que estos se dedican a lo que mejor saben hacer: investigar. Asesoramiento, formación especializada, redacción y comercialización de patentes, búsqueda de clientes, gestión de contratos… son solo algunas de las tareas que lleva a cabo la OTRI, tal y como relataron Jansa y Verdaguer.
Pero no todas las solicitudes de patentes llegan a buen puerto. “Esto es un embudo”, reconoció Verdaguer, que cuenta que en 2011 recibieron algo más de 50 solicitudes, de las cuales se terminaron salvando solo 26, bien porque no había mercado para las otras bien porque ya estaban en aplicación o bien porque estaban en una fase todavía embrionaria. De esas 30, solamente siete firmaron contratos de licencia, lo que no significa que lleguen a comercializarse finalmente, momento en el que la Universidad de Barcelona empezaría a ver beneficios.
En total, en los últimos tres años, la Fundación Bosch i Gimpera ha comercializado un total de 35 patentes en el ámbito biotecnológico y, desde que en 2001 se abriera un área específica de apoyo a la creación de empresas, la Fundación ha apoyado y asesorado la creación de entre 25 y 30 spin-off, de las que más de la mitad pertenecían al sector de la bioetcnología. Unos datos que responden al interés que tiene esta entidad para Verdaguer, que afirma que las facultades más activas en la solicitud de patentes son precisamente las de Medicina, Biología, Farmacia o Química.
Del otro lado, la UNED, con siete patentes pendientes de comercialización en 2011 y cinco en 2010, no presta tanta atención al sector biotecnológico, lo cual no quiere decir que no se investigue en otras áreas. “A veces se piensa que somos una universidad fantasma, pero no: tenemos despachos, alumnos, laboratorios”, apuntó Jansa.
Sin embargo, las patentes se pagan con dinero, y el contexto de crisis actual en la que nos encontramos no ayuda. Verdaguer reconoció que ahora “es más complicado encontrar financiación” y que proyectos que hace un par de años podían haber obtenido financiación fácilmente, ahora lo ven más complicado. Jansa, por su parte, fue más optimista y consideró que la crisis “sirve de aliciente para buscar fondos privados”.






































