alberto cornejo Madrid | viernes, 27 de septiembre de 2013 h |

Pregunta. Efectos secundarios. ¿Una obra para desbancar al BOE de la mesilla del boticario?

Respuesta. Espero que sí. El farmacéutico es el faro de ella, y tanto las historias como los protagonistas les resultarán familiares.

P. La persona que lea Efectos secundarios, ¿cuáles padecerá?

R. Espero que una sobredosis de diversión. O de ilusión. Un libro, al igual que un medicamento, es algo de lo que se espera mucho. Sobre todo, que nos ayude a estar bien. Me llama la atención que los efectos secundarios siempre se asocian a algo negativo. ¡No es así!

P. ¿Qué lectura sacas del trabajo de campo realizado para la obra?

R. He visto mucho desaliento y miedo entre la profesión. En especial, a que se vea la botica como un supermercado, no lo es. También he interiorizado mucho que vender no es lo mismo que dispensar. Esto implica escuchar, aconsejar… Y son actos que, por desgracia, no ocurren mucho en la vida actual.

P. La sinopsis del libro dice que refleja “una realidad de la vida actual”. Si la farmacia es el espejo… ¡Mal vamos!

R. ¿Quién o qué va bien actualmente? ¿Hay mejor radiografía para saber cómo está la sociedad que a través de los diez medicamentos más consumidos? Ahí vemos cómo somos: ansiosos, controladores, intranquilos… Así sabemos las dolencias de la sociedad como sus falsos dolores, que también los tiene.

P. En ella mezclas humor, intriga, celos… ¿De todo como en botica?

R. La vida es como una botica. Pero esa comparación es maravillosa, porque significa que también tiene sus propios remedios.

P. Si la trama me deja dudas, ¿consulto a mi farmacéutico?

R. Me encanta esa frase. Precisamente, la novela arranca con una consulta del protagonista principal a este profesional. Las farmacias son ventanas al mundo, en especial para comunicarse.

P. Diez personajes, con nombres reales de fármacos. Menudo favor ‘secundario’ a las compañías que no pueden publicitarlos…

R. Jamás he contactado con laboratorios farmacéuticos para preparar la obra. Solo con periodistas especializados, además de leerme sus prospectos, que me los conozco al dedillo. ¡Pero no espero nada a cambio! Solo es un guiño a los fármacos más consumidos y una disculpa para contar diez vidas distintas a través de ellos.

P. Hablemos de algunos. Voltarén, un actor de 84 años, ¿al que la vida le ha dado muchos golpes?

R. Es un actor que ha pasado de su antiguo mundo de glamour a su actual vida en un centro de mayores. Las cremas para los dolores son ahora su elixir. Una rutina dura, pero real.

P. Por su parte, Adiro es una gran detectora de mentiras… ¿Con ella no hay placebo que valga?

R. Esa capacidad es de los peores ‘dones’ que se puede tener en la vida, porque condena a tener pocas amistades.

P. Las diez historias se entrelazan. ¿No hay riesgo de interacción?

R. Es una interacción positiva. El día a día de nuestras vidas es una mezcla. Todo suma.

P. ¿Cuál es la acción farmacológico que debe tener un libro?

R. Estimulante, incluso vigorizante. También con efecto protector.

P. Efectos secundarios, ¿ha tenido alguna reacción adversa?

R. De momento las críticas están siendo muy positivas. También por parte de los farmacéuticos, lo cual me alegra especialmente.

La vida profesional de Almudena Solana (Tui, Pontevedra) transcurre entre páginas. En concreto, entre las de los periódicos en los que colabora como columnista y las de las cuatro novelas que ha publicado. A saber: El currículum de Aurora Ortiz (2002); Las mujeres inglesas destrozan los tacones al andar (2007); La importancia de los peces fluorescentes (2009) y Efectos secundarios (Editorial Planeta), la cual presentó en la misma Real Academia Nacional de Farmacia. La falta de tiempo le impide escribir más, ya que piensa que “en cada persona, en cada detalle de la vida, hay una novela”. Un tiempo que también gasta en diseñar pañuelos en los que, faltaría más, se incluyen relatos.