| viernes, 05 de octubre de 2012 h |

El pasado jueves asistí al acto de conmemoración del décimo aniversario del Centro de Investigación de Química Médica que Lilly tiene en Alcobendas. No es el único centro de interés de la compañía en nuestro país. Su planta de producción generó durante 2011 una facturación por exportaciones de 2.300 millones de euros. Casi nada. Esta cifra supone más del 25 por ciento del total de facturación que se genera por la exportación de productos farmacéuticos en nuestro país, según las fichas sectoriales del Ministerio de Industria.

Además, esta misma semana otras dos compañías han dado buenas noticias para la implantación de la producción farmacéutica en España. Por un lado Bayer, que absorberá en su planta de La Felguera toda su producción mundial de ácido acetilsalicílico y, por otro Sanofi, que aprovechó el 40 aniversario de su planta en Riells para dar cuenta del incremento de producción registrado en los últimos tiempos. Todas estas actuaciones han requerido en mayor o menor medida de fuertes inversiones. Unas inversiones que se han realizado a pesar de la evolución del mercado en nuestro país y de la poca previsibilidad y estabilidad legal que hay, especialmente, en los últimos años.

Por ese motivo, me sorprendieron las palabras de la ministra de Sanidad, Ana Mato, que en el acto de Lilly solicitó a la compañía mayores inversiones. Es cierto que también aventuró la posibilidad de garantizar un entorno estable, pero la gran mayoría de las compañías, a día de hoy no encuentran justificación para atraer inversiones a nuestro país. Más bien, lo contrario.

@JoseMLAlemany en Twitter