| viernes, 07 de diciembre de 2012 h |

No entiendo cuáles son los motivos de Sanidad para implantar, de la manera que lo ha hecho, el copago en los medicamentos hospitalarios de dispensación ambulatoria. Lo han hecho de manera silenciosa para las comunidades autónomas, que se iban enterando según pasaban los días de lo publicado en el BOE. Y lo han hecho también a espaldas de los profesionales.

No es que yo le dé demasiada importancia al hecho en sí de implantar copago, de aportación reducida, a los medicamentos que lo van a hacer. Podría entenderlo. Pero lo que no entiendo es que se haga como se ha hecho, ya que se causan infinidad de problemas a los profesionales, se alarma sin sentido a los pacientes y se ofrece una sensación de improvisación tremenda. Quiero recordar que en menos de ocho meses el artículo 94 bis de la Ley de Garantías ha tenido tres redacciones diferentes y, casi, contrarias.

En los próximos meses, para poder poner en marcha esa norma, hay que crear en los servicios de farmacia los protocolos de cobro necesarios para hacer efectiva la aportación de los usuarios. Del mismo modo, a lo largo de los próximos meses habrá que revisar el vademécum de medicamentos de dispensación ambulatoria de los servicios de farmacia para comprobar que todos y cada uno de los que pueden estar sometidos a este nuevo copago tienen el cupón precinto diferenciado y con aportación reducida.

Incluso, creo que en los próximos meses o semanas habrá que modificar de nuevo (o a través de una corrección de errores) el artículo 94 para establecer el periodo transitorio de aplicación. Por todo ello, no comprendo las prisas de usar de nuevo un decretazo. Lo veo absurdo y contraproducente.

@JoseMLAlemany en Twitter