Los impagos que están amenazando, casi de forma permanente, al sector tienen lamentablemente un final lejano y duro. Las dificultades que atraviesan algunas autonomías, lejos de resolverse con el Plan de Pago a Proveedores o el Fondo de Liquidación Autonómica (FLA), no hacen más que engordar la tremenda bola de nieve de la deuda.
Es cierto que sin esos planes de pago extraordinarios los proveedores del SNS lo habrían pasado peor de lo que ha sido. Algunos, sin duda, habrían desaparecido y el empleo habría sufrido mucho más. Pero el hecho de que se paguen las facturas de hoy (o más bien de ayer) con un FLA o cualquier otro plan, es similar dar un pelotazo hacia adelante y retrasar el estallido de la situación. Es algo como utilizar la refinanciación de los pagos de la tarjeta Visa todos los meses sin fijarte en que los intereses te pueden terminar de ahogar.
La deuda que las comunidades tenían y tienen con el sector, una vez que se abona por los planes de pago, pasa a ser con el Estado. Es cierto que tendrán un plazo amplio para devolverla, pero tendrán que hacerlo con intereses. Y esa bola no hace más que crecer. En unos meses podría superar los 20.000 millones de euros solo en principal. Un tercio del presupuesto. Por ello, la única solución es que las autonomías concentren sus presupuestos en los servicios que tienen que prestar y abandonen todos aquéllos que suponen un gasto superfluo. Embajadas, entre otros.
@JoseMLAlemany en Twitter






































