| viernes, 25 de marzo de 2011 h |

José María López Alemany

Cada vez que en una comunidad autónoma se dispone una nueva exclusión de una marca de sus sistema de prescripción informatizada, al tiempo, se adelgaza el tamaño del talonario de recetas en papel que el médico tiene para poder saltarse, si su ciencia así lo aconseja, la restricción que ha puesto la comunidad autónoma.

Restricciones absurdas en numerosas ocasiones e incluso inexplicables porque hay casos en los que no se produce ningún tipo de ahorro. Hay presentaciones que se excluyen a pesar de estar en precio menor, con lo que ni siquiera es el ahorro el objetivo buscado. A saber cuál es.

Y en este escenario, muchos médicos asumen con total normalidad esas limitaciones a su prescripción. Otros avalan incluso que se sustituya un medicamento de marca por otro que no es equivalente desde el punto de vista galénico.

La beligerancia que han mostrado los médicos históricamente cuando se empezaba a discutir sobre la capacidad que un profesional del medicamento, como es el farmacéutico, tenía para realizar sustituciones, ahora ha quedado en aplausos, cuando quien cambia no es siquiera una persona, sino una máquina. Se trata de un comportamiento dócil que coincide con la reducción de sueldo que sufrieron los médicos el año pasado. Un palo que sirvió para ‘domesticar’ a todos aquéllos que no pasaban por el aro de los contratos de gestión.

Ahora, el talonario en papel adelgaza y a muchos no les importa porque lo asumen. Otros no lo usan y prescriben más caro, aunque por PPA como venganza.