José María López Alemany | viernes, 25 de noviembre de 2011 h |

@JoseMLAlemany en Twitter

Yo no me esperaba que ante el anuncio de Artur Mas de instaurar un copago por receta dispensada, los medios de comunicación generalistas dieran un beneplácito generalizado como el que han dado, especialmente siendo una cuestión con grandes posibilidades de utilización demagógica y partidista. Pero lo que han demostrado esos medios es que, al menos la opinión publicada no está en contra de responsabilizar a los pacientes del uso que hagan de los servicios.

Ya sé que el copago es, en realidad, un repago. Pero, ¿cuántas cosas hay que son repagos, hoy en día y las asumimos tranquilamente? La lista es interminable y, en especial, todo aquello por lo que se nos cobra tasas: la utilización de instalaciones deportivas, la matrícula universitaria, el transporte público, la recogida de basuras, etc. La única razón que desde mi punto de vista justificaría estudiar a fondo las repercusiones de los copagos antes de implantarlos es, como dice Ana Pastor, que nadie elige ponerse enfermo.

Pero la situación es tan grave que, o se busca nueva financiación, que a corto plazo es imposible, o se estruja más a los proveedores, cuyo límite de aguante en algunos casos está ya sobrepasado, o se reduce la cartera de servicios y la presión asistencial. Y a esto último solo se llega con educación sanitaria, que no estamos a tiempo de que genere efectos inmediatos o a través de políticas de desincentivación de la demanda como los copagos. Eso sí, un copago justo, es decir, modulable en función de renta y morbilidad.

La sociedad ha demostrado estar madura para asumir que debe apretarse el cinturón. Ahora los políticos deben demostrar que están a la altura para tomar decisiones, aunque difíciles, necesarias.