| viernes, 08 de noviembre de 2013 h |

En los últimos años los farmacéuticos han empezado a ser conscientes del cambio de rol que tendrían que ejecutar para seguir siendo útiles al sistema sanitario. Un cambio que debe venir definido por dos pilares fundamentales: la profundización en la vertiente sanitaria de estos profesionales y su colaboración con el SNS, especialmente en lo que se refiere a un uso racional de los recursos.

El farmacéutico debe defender su papel en la sociedad y en el sistema sanitario y hacerse imprescindible en la atención de proximidad a los pacientes. En estos momentos, las comunidades autónomas tienen la tentación, con proyectos piloto, o con realidades como la dispensación hospitalaria, de buscar lugares alternativos de dispensación. El objetivo es financiero, tanto al alargar los periodos de pago como al eliminar los márgenes de distribución y farmacia. Por ello, creo que todas aquéllas actuaciones que la farmacia ponga en marcha deben ser evaluadas y monetizadas.

El incremento del rol sanitario del farmacéutico debe tener como resultado final un ahorro para las arcas del Estado en forma de una mejoría de la salud de los pacientes y una prevención y diagnóstico precoz de las enfermedades. Si se hace de ese modo, será la mejor forma de blindar las competencias y viabilidad de estos establecimientos. Si, por el contrario, no se es capaz de transmitir y demostrar que los nuevos roles de farmacéutico benefician al SNS, el futuro será negro.

@JoseMLAlemany en Twitter