Parece ser que la batalla de los conceptos va a dar paso a la batalla por la terminología. El sector en su conjunto ha rechazado con dureza la política de Alternativas Terapéuticas Equivalentes (ATEs) que pretendía impulsar el Servicio Andaluz de Salud (SAS). No solo porque el término fuera una invención que no se encuentra recogido en ningún texto legal, sino sobre todo por lo que representan los ATE.
La cuestión es simple. Dos medicamentos diferentes, que no han sido comparados entre sí nunca, no pueden ser denominados equivalentes. Adicionalmente, existe un conflicto competencial, que ahora se intenta clarificar aún más con la modificación de la Ley de Garantías, que otorgaría a la Aemps, la competencia para designar ATEs.
No obstante, ahora parece que la estrategia del SAS para seguir adelante con su acuerdo marco de selección de medicamentos por indicaciones terapéuticas, se basa en olvidar la terminología de equivalente terapéuticos. Así al menos lo ha sugerido la consejera andaluza de Salud, María Jesús Montero, al afirmar que ellos no harían un concurso por equivalentes.
Da lo mismo cómo se llame al conjunto de medicamentos de cada lote. Legalmente esas agrupaciones las debe hacer solo la agencia. Por eso, el futuro judicial que espera a este asunto promete ser, al menos, tan intenso como el de las subastas, a no ser que las compañías, viendo ese negro escenario jurídico opten por la prudencia y no participen.
@JoseMLAlemany en Twitter






































