Redactor jefe de ‘La Razón’ viernes, 24 de enero de 2014 h
Partamos de la base de que creo que en una primera fase hizo lo que tenía que hacer. Como se encontró una consejería arruinada por una gestión nefasta del tripartito y de Marina Geli que la aletargada prensa sanitaria no vio o no quiso ver, Boi Ruiz se vio forzado a aplicar duros recortes que despertaron el malestar del sector. Seguro que, sin el ahorro obtenido a través de ellos, la Sanidad catalana se encontraría hoy en un auténtico default y se mostraría incapaz de pagar la asistencia que prestan los centros sanitarios. Sería una Sanidad “a la griega”. Pero conviene ser cabal y poner en solfa declaraciones demagógicas que encubren una realidad: Cataluña atraviesa severos problemas financieros porque sus gobernantes pasados dilapidaron la herencia recibida con ínfulas de nuevos ricos, y porque los presentes se afanan más en encubrir sus propios fallos con pólvora independentista, como el caso de los prospectos de los medicamentos en catalán, que en corregirlos y reconsiderar la situación.
En este contexto, no son de recibo muchas de las palabras que Ruiz, gran conocedor del mundo sanitario, ha formulado para justificar la dilación en los pagos a las farmacias. Una cosa es clamar contra la crisis y demandar remesas adicionales al generoso Estado para capear el temporal, y otra es culpar a este del desaguisado, porque no es descabellado afirmar que el papá Estado ha contribuido a lograr que Ruiz se mantenga en el cargo con generosas remesas de fondos que su comunidad no era capaz de captar en los mercados por su insolvencia financiera. No, las boticas catalanas no perciben tarde y mal sus facturas porque el Gobierno haya fijado una orden de prelación en los pagos que las deje atrás. Si la Generalitat no sufraga primero lo que debe, no habrá más dinero a préstamo. Y si no hay dinero a préstamo, al final nadie cobra, por lo que es razonable que sea éste y no otro el orden de prelación. Si no se paga a los profesionales de los hospitales tampoco se oferta asistencia. Y sin asistencia, la gente se echará a las calles en compañía de los médicos y los sanitarios.
La Sanidad catalana paga tarde y mal a las farmacias porque la economía catalana no funciona, porque muchas empresas, hartas de independentismos, prefieren invertir sus euros en lugares más seguros y porque se aplica una política fiscal regresiva que mengua el consumo y frena la recaudación. Ruiz puede lanzar balones fuera y culpar al empedrado de los resultados del partido, pero no puede atribuir al Estado la responsabilidad de los impagos, pues sin la ayuda de Cristóbal Montoro la Generalitat viviría en régimen de impago permanente, como apuntan las agencias de calificación, que mantienen a Cataluña en el ‘bono basura’.
¿Qué sociedad científica está muy enfadada con la parsimonia de José Javier Castrodeza?
¿En qué consejería el consejero apenas pisa porque está siempre en Madrid?
¿Qué sociedad científica afín al PSOE sigue campando por sus anchas por el Ministerio de Sanidad?
¿Qué compañía tecnológica de renombre atraviesa una muy mala racha y proyecta una nueva oleada de despidos?
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