A todo el mundo se le llena la boca cuando aparece un término que, en los últimos años, se repite sin cesar: Atención Farmacéutica. Un término que, no por usado de manera martilleante, recibe un trato benévolo por parte de nuestras autoridades sanitarias. Sí, a todo el mundo nos gusta alardear de la labor que hacen las más de 21.000 oficinas de farmacia que se dispersan por la práctica totalidad de la geografía española. A todos nos complace que los profesionales farmacéuticos que desempeñan su labor en esas boticas no sólo nos den los medicamentos que solicitamos, sino que además realicen una labor impagable (al menos casi siempre no remunerada): la Atención Farmacéutica. Una labor que, por ejemplo, será difícil de desempeñar, y no por la intención de los farmacéuticos, si cada vez se aprieta más la soga que la economía de nuestras oficinas de farmacia llevan anudada al cuello desde hace más de una década. Sí, desde aquel fatídico Real Decreto 5/2000, que se ha ido ampliando con las sucesivas revisiones o bajadas de precio que han desembocado en el polémico Real Decreto Ley 4/2010 y sus, pro ejemplo, limitaciones en los descuentos de los almacenes mayoristas a las boticas.
Un ejemplo claro y palpable de lo que es la Atención Farmacéutica, y del que seguramente quedarán sorprendidos muchos de nuestros conciudadanos europeos, es la iniciativa puesta en marcha por el Consejo de Colegios Profesionales de Castilla y León (Concyl): “El farmacéutico, amigo del peregrino”. Una campaña, en la que están implicados los farmacéuticos castellanoleoneses, que pondrá a disposición de los peregrinos que este Año Jacobeo realicen el Camino de Santiago por la denominada ‘ruta francesa’. Una campaña cuyo objetivo es que las 230 farmacias por las que transcurre esta ruta (Burgos, Palencia y León), atiendan a los peregrinos y les hagan más llevadera y saludable la ruta. Un ejemplo de esa Atención Farmacéutica que pone en riesgo algunas decisiones políticas.






































