Nadie que conozca el potencial que ofrecen las farmacias puede dudar que su futuro es asistencial. En este futuro, nadie debería dudar que la implantación de nuevos servicios profesionales para beneficio de la población jugará un papel prioritario. Conscientes de la lentitud y esfuerzo que implica cualquier aumento de funciones, la profesión farmacéutica, bien sea a través de sus colegios o de sus sociedades científicas, ha asumido el “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy” y ya viene trabajando en diversas propuestas de catálogos de servicios profesionales retribuidos. Bien es cierto que puede ser un error que cada cual haga la guerra por su cuenta (ya hay catálogos más o menos desarrollados en Cataluña, Madrid y Andalucía), como así se ha comprobado en otros ámbitos como la receta electrónica. Pero también es cierto que el ‘mutis por el foro’ del que hasta ahora ha hecho gala Sanidad ampararía estos movimientos. “Si no sale adelante, que sea por el Ministerio, no por nosotros”, decía recientemente, y no sin razón, el presidente de una sociedad científica al presentar ‘su’ catálogo.
Pero hay motivos para la esperanza. Si no de forma directa, si por otras vías, como sería el cambio en la retribución de las boticas que ya se plantea el Ministerio de Sanidad, para reconocer ciertos “actos profesionales” que ya se hacen en ellas. Esa sería la puerta de entrada al desarrollo de una cartera de servicios común para todas las boticas nacionales. Si de verdad apuesta por ello, tiene la mitad del trabajo hecho. Le podría bastar con seleccionar lo mejor de cada ‘casa’. Y es que el sector le ha dejado la pelota botando para rematar la jugada al departamento de Ana Mato.






































