c. r. Madrid | viernes, 04 de octubre de 2013 h |

Hace años, todos los españoles hablaban de la niña de Mariano Rajoy, aquella que al presidente le gustaría que naciera en España y tuviera una familia, una vivienda, unos padres con trabajo… y luego le salió rana. Hoy, todo el mundo habla de la niña de Barack Obama, esa que al presidente estadounidense le gustaría que tuviera un seguro de salud, a diferencia de los 32 millones de estadounidenses que hoy no lo tienen. También a Obama la niña le ha salido rana. Durante años la Casa Blanca se había estado preparando para su puesta de largo, programada para el 1 de octubre de 2013. Pero el debut de la niña, llamada Obamacare, no ha sido el que el presidente tenía en mente. En lugar de bombos y platillos se ha encontrado con un escenario apocalíptico, al más puro estilo de Abre los ojos, aquella película de Alejandro Amenábar que Hollywood llamó Vanilla Sky.

Igual que Tom Cruise atravesando un Times Square desierto, la reforma sanitaria llegó con la Estatua de la Libertad cerrada, múltiples edificios clausurados y una parálisis oficial que ha obligado a mandar a casa sin cobrar a más de 800.000 funcionarios y que ha dejado ‘en bragas’ (con el personal imprescindible) todos los servicios públicos, incluido el sanitario. ¿El motivo? La oposición del Congreso a financiar las necesidades del Gobierno federal, a menos que la entrada en vigor de la reforma sanitaria se aplazase durante un año.

Ante la imposibilidad de reformar o aplazar una ley que fue aprobada por las dos cámaras, promulgada por el presidente y validada por el Tribunal Supremo, los republicanos más republicanos, agrupados bajo el denominado Tea Party, han decidido acabar con la niña de Obama por asfixia o por inanición. Insisten en que, de sacarla adelante, les saldría muy cara a todos los norteamericanos: según cálculos de la Oficina de Presupuesto, la reforma sanitaria llegará a siete millones de personas a partir de 2014 y a otros 25 antes de 2016 y costará 940.000 millones de dólares.

El drama presupuestario ha derivado en órdago crónico: o cede el Congreso o cede la Casa Blanca. De momento, Obama no tiene intención de cambiar a su niña por nada del mundo. El 1 de octubre era el día escogido para que millones de estadounidenses que hasta ahora no disponían de seguro médico pudieran escoger uno. Y así ha empezado a ocurrir, aunque entre múltiples fallos técnicos, todo hay que decirlo.

La cuestión ahora es ver cuánto tarda en desbloquearse la situación. El último ‘apagón’ oficial, sufrido por Bill Clinton entre 1995 y 1996, duró 21 días. Con la diferencia de que no había una crisis mundial de la que preocuparse, como ahora.