MARCOS GARCÍA Madrid | viernes, 26 de febrero de 2016 h |

Un invierno que no llega. A nadie en España se le escapa que el clima está cambiando significativamente hasta el punto de que en lo que llevamos de invierno se cuentan con los dedos de una mano los días en los que ha hecho un frío riguroso.

Una de las principales consecuencias que esta alteración climática está en la caída de la incidencia de la gripe, lo que ha traído aparejado un descenso en el segmento de Cough and Cold —antigripales, productos contra la tos y para la faringe —. En concreto, este apartado presenta en enero un decrecimiento del 29,5 por ciento en valor y del 31,1 por ciento en volumen en comparación con el año anterior. Estos datos ofrecidos por la consultora especializada IMS Health han confirmado lo que muchos farmacéuticos conocen de primera mano y es que el segmento de los productos antigripales ha caído sensiblemente.

Si a estos datos se le agrega que tan sólo en el apartado de antigripales en el pasado diciembre ya se produjo un descenso del 4,5 por ciento en valor y un 7,7 por ciento en unidades, se constata que el decrecimiento para este tipo de productos es una realidad que en 2016 ha venido para quedarse. En concreto, mientras en diciembre de 2014 se vendieron algo más de 4 millones de unidades de antigripales por valor de 27,8 millones de euros. En diciembre de 2015 se comercializaron en las farmacias españolas 3,78 millones de unidades de antigripales que representan 26,5 millones de euros.

Pilar Pamies senior manager de Línea de Negocio de IMS Health aseguró a EG que “diciembre de 2014 fue un año ligeramente más frío de lo normal en contraposición a diciembre de 2015 que ha sido un año extremadamente cálido. Esto podría contribuir a esa gripe tardía”.

Esta circunstancia se circunscribe también a la comparativa entre diciembre y enero, ya que la evolución del segmento de Cough and Cold en los últimos 12 meses ha crecido un 0,6 por ciento en unidades y 4,6 por ciento en valor. Incluso en dos comunidades autónomas como Galicia (0,1 por ciento) y Extremadura (3,7 por ciento) se han producido descensos acuciados. En cambio, los dos territorios españoles con un mayor desarrollo de este tipo de productos han sido Baleares (16,1 por ciento) y La Rioja (15,7 por ciento).

Este aumento se debe a la acumulación experimentada en los primeros meses del año 2015 que compensan las significativas caídas que el segmento de Cough and Cold ha sufrido. Además, las previsiones para que los próximos meses puedan compensar el descenso son escasas debido a la cercanía del inicio de la primavera. Por lo tanto, casi se puede considerar que el invierno de 2015 y 2016 se ha perdido para este segmento.

Debut tardío

Raúl Ortiz de Lejarazu, profesor de Microbiología y director del Centro Nacional de Gripe de Valladolid aseguró a EG que “este año el debut de la epidemia en España y en Europa ha sido más tardía que otros años. Sabemos que el mes de presentación fundamental es entre enero y febrero. Ya tenemos aislamientos y enfermos graves pero de momento hay poca incidencia”.

Este año en España los datos del sistema de vigilancia de la gripe indican que casi “el 60 por ciento de los virus que están identificados son H1N1 y luego hay un porcentaje menor del 20 por ciento que son gripe B”, señala Ortiz de Lejarazu,. “Esta es hasta ahora la buena noticia. De momento hay una epidemia de escasa incidencia, porque está empezando y no sabemos cuándo llegará. La mala noticia es que aunque hay poca B — es esporádico en torno al 15 por ciento — las noticias que tenemos de Europa es que no es el linaje que estaba previsto en la vacuna”, asegura.

Estas vacunas son trivalentes, es decir que llevan dos cepas de gripe A — una H1 y H3 — y otra B. “Por lo que hay personas que han recibido una vacuna triple y en función de la amplitud de respuesta puede que no estén igual de protegidas que otros años”, concluye.

La razón por la que algunas personas que se han vacunado puedan no estar igual de protegidas hay que buscarla en que las vacunas de gripe se anticipan o se pronostican con ocho meses de diferencia y puede existir una mutación en ese periodo de tiempo.

Mutación elevada

En este sentido, Francisco Pozo, virólogo del Centro Nacional de Gripe de la OMS y de la Unidad de Virus Respiratorios y Gripe del Centro Nacional de Microbiología Instituto de Salud Carlos III, asegura que “ las temporadas de gripe son impredecibles en muchos aspectos. Los virus tienen una tasa de mutación elevada de manera que los virus circulantes de una temporada son diferentes a los virus que han circulado años antes”.

Además, Francisco Pozo coincide en señalar que “en nuestro país, la actividad gripal de esta temporada 2015-2016 se está presentando con valores propios del periodo pre-epidémico y por debajo del umbral basal establecido, lo que significa que la tasa global de incidencia de gripe es muy baja”.

Aún así, Francisco Pozo considera que “no existen factores fácilmente detectables a los que atribuir la baja tasa de incidencia de gripe, excepto las temperaturas excepcionales que se han producido en las últimas semanas de 2015 y el inicio de 2016. Ahora, con la llegada del frío, se puede prever que la subida de casos positivos puede ser de manera acentuada”, señaló.

Por otro lado, Inmaculada Casas, también viróloga el Centro Nacional de Gripe de la OMS y de la Unidad de Virus Respiratorios y Gripe del Centro Nacional de Microbiología Instituto de Salud Carlos III, aludió a que esta situación ya se ha repetido de manera similar en otros años. “En la temporada gripal 2000-2001 no se superó el umbral basal en ningún momento por lo que tampoco hubo pico epidémico. El retraso del inicio de la epidemia gripal ha sido datado en diferentes ocasiones. Por ejemplo en la temporada 2005-2006 la actividad gripal alcanzó el umbral basal en la semana 8 (20-26 de febrero 2006), el pico de incidencia se produjo en la semana 11 (13-19 marzo 2006) y la duración total de dicha la epidemia fue de 7 semanas”, alertó.

Según la especialista, “los virus de la gripe cambian constantemente a lo largo del tiempo por lo que no es inusual que cada año aparezcan virus diferentes que presentan cambios antigénicos menores. Estos pequeños cambios se pueden acumular y como resultado los virus que circulan una temporada podrían no ser reconocidos por el sistema inmune de una persona infectada. Este es el motivo por el que la composición de la vacuna contra la gripe deba revisarse todos los años y actualizarse según sea necesario para hacer frente a los virus en evolución”, concluyó Inmaculada Casas.