Sergio Alonso
Redactor jefe de ‘La Razón’
| viernes, 09 de mayo de 2014 h |

Quien guiado seguramente por la euforia crea que el sector del medicamento ha dejado atrás lo peor de la crisis se encuentra muy equivocado. A diferencia de otras parcelas de la actividad económica, el proceso de ajuste al que se enfrenta la industria de los fármacos no ha atravesado ni siquiera el ecuador del mismo. Buena muestra de ello son los movimientos de compras y adquisiciones de las propias compañías a nivel internacional para limitar el número de agentes en el mercado (el último el de Pfizer con Astrazeneca), las acciones que están desplegando las autonomías a nivel nacional (la última es la llamada ‘tarifa plana’ de la Generalitat de Cataluña) o los raquíticos resultados obtenidos a finales del pasado año y en el primer trimestre de éste por parte de algunas de las compañías de capital español que operan desde tiempos ancestrales en el sistema sanitario.

Lejos de detenerse, el baile de movimientos se está extendiendo como un tsunami y desplaza sin igual a CEOs de grandes y pequeñas compañías como a directivos varios, pasando por puestos de media y baja cualificación. En este ajuste interno, tal vez los que peor estén atravesando la crisis sean los delegados de ventas y los empleados de comunicación. A los primeros las medidas de ahorro de la Administración, la pérdida de poder de los médicos de primaria a la hora de decidir libremente las prescripciones y la tardía reconversión del sector les está golpeando de lleno. Los segundos están pagando el peaje de no poder reportar réditos tangibles a sus voraces superiores en el corto plazo: el marketing, una vez más, sepulta a los que tratan con los siempre molestos chicos de la prensa, en un proceso de involución que tendrá consecuencias muy graves para las compañías que lo han emprendido merced a la miopía y el cortoplacismo de sus altos cargos.

No, aunque parezca lo contrario, las cosas no van a ir bien para la industria farmacéutica de aquí a unos meses pese a la mejora notoria de los indicadores económicos y el decaimiento de la voracidad recaudatoria de las administraciones como consecuencia de la cercanía del período electoral. El sector del medicamento no ha completado su reconversión ni está sabiendo redefinirse de cara a los nuevos tiempos. Sobran, por ejemplo, compañías; faltan, por ejemplo, estructuras volcadas realmente hacia los pacientes y las comunidades, los nuevos decisores; se echan de menos, también, medidas arriesgadas que faciliten la llegada de las innovaciones a los hospitales aunque sea a costa de obtener menos beneficio. Y falta una verdadera interlocución con la Administración, que también anda a por uvas y con la misma mentalidad cortoplacista de hace 20 años.

¿Por qué andan tan silenciosas las organizaciones médicas ante el real decreto de Sanidad transfronteriza?

¿Hay un vínculo entre las inspecciones que Hacienda intensifica en las farmacias y la práctica de exportaciones paralelas?

¿Qué conocido personaje del sector se refiere a los directivos de Fedifar con el peyorativo término de ‘esos’? ¿Por qué?

¿Qué conocido personaje del sector y forofo del baloncesto ya tiene entradas para ver la Final Four en Milán?

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