País Vasco estudia romper los combos en función de la evolución del gasto

El Vall d´Hebron ya los dispensa por separado para dar los genéricos disponibles

| 2011-04-20T15:10:00+02:00 h |

Atorvastatina, clopidogrel, risedronato semanal y la asociación losartán-hidroclorotiazida fueron los primeros, pero la lista era ampliable. Diez meses después de limitar su prescripción, la Consejería de Sanidad del País Vasco ha decidido ampliar la lista de medicamentos cuyas marcas, de ser prescritas, deberán ir acompañadas de la correspondiente justificación del médico.

En este caso serán ocho los medicamentos afectados, según informó el diario El País. La lista aún no se conoce, aunque sí se sabe que podrían ponerse en marcha después del verano. La consejería busca con ellos un ahorro similar al que ha obtenido con las primeras cuatro moléculas: siete millones de euros en 2010 (las estimaciones iniciales eran seis millones anuales).

Tras constatar el funcionamiento en Primaria, el consejero de Sanidad, Rafael Bengoa, se ha fijado ahora el objetivo de trasladar la idea al ámbito hospitalario.

carlos b. rodríguez

Madrid

La lucha contra el VIH/sida ha sido hasta ahora, básicamente, una cuestión de voluntad política. No ha dejado de ser una prioridad para los gobiernos, pero el coste de los tratamientos ha empezado a cuestionarse a consecuencia de la crisis, y cobra relevancia en la elección, y posible modificación, de las terapias. A la apuesta de Cataluña por la ruptura de los combos de antirretrovirales podría sumarse ahora el País Vasco. La decisión está en suspenso, a la espera de ver cómo evoluciona el gasto.

Ya en 2009, un informe de Onusida mostraba cómo la crisis afectaba a regiones con alta prevalencia de la enfermedad, principalmente países en desarrollo, a través de distintos canales: presupuesto para VIH; disminución de antirretrovirales; acceso desorganizado a los mismos, reducción en el presupuesto de salud y recortes en la ayuda externa, entre otros. Por tanto, era cuestión de tiempo que el problema llegase a países más desarrollados. El informe incluía los tres ejes que caracterizaban a un programa antisida bien protegido: compromiso fuerte para dar continuidad al tratamiento, capacidad del sector para proveerlo y existencia de recursos para financiarlo con ganancias internas o fondos de seguridad social.

Estos tres elementos eran comunes a países de ingresos medios, donde los que respondieron precisaron que era difícil que los programas de tratamiento se viesen afectados. Quizá en el último, en la caída de ingresos de las comunidades, está la clave para entender lo que ocurre en Cataluña el País Vasco. “Desgraciadamente tengo que ir a los números”, reconoció en una comparecencia ante el Parlamento vasco Daniel Zulaika, coordinador del Plan del Sida de Osakidetza. Y sus números no son halagüeños.

Unos 4.700 pacientes reciben antirretrovirales en el País Vasco. El tratamiento estándar por persona y año tiene un coste de 8.000 euros, cuantía que puede cuadruplicarse en caso de resistencias. En 2010, el gasto en antirretrovirales fue de 38 millones, el 20 por ciento del gasto de farmacia hospitalaria. Por ello, si se tiene en cuenta que el presupuesto de la consejería de Sanidad vasca es de 3.300 millones, resulta que uno de cada 100 euros del presupuesto sanitario va a estos tratamientos.

El RDL 8/2010 redujo al 3 por ciento la tasa de incremento el año pasado, frente al 12 y el 11 por ciento que creció en 2008 y 2009. Pero las estimaciones de Zulaika para los próximos años rondan entre el 8 y el 20 por ciento, como consecuencia de la tasa anual de aumento de personas que se suman al tratamiento, y por la utilización de fármacos más caros en caso de resistencias.

Con la aparición del segundo genérico en el campo de los antirretrovirales, el de la lamivudina, la consejería inició el 1 de enero la sustitución de la marca por el genérico en todos los pacientes que tomaban el tratamiento en pastillas individuales. Además, ese genérico tuvo como efecto secundario una reducción del precio del combo protegido por patente.

Esto supondrá un ahorro de un millón de euros, un 2 por ciento de la factura de antirretrovirales. Romper los combos, por su parte, supondría un ahorro del 6,4 por ciento anual, pero obligaría a que los pacientes que ahora toman una pastilla, tomen de nuevo dos o incluso tres. Más aún, llevaría a sustituir emtricitabina por lamivudina, un intercambio que genera dudas entre los expertos. Zulaika no ve riesgos en la adherencia ni problemas de intercambiabilidad, pero las asociaciones antisida ya se han movilizado, y alertan de lo que está en juego: posible aumento de la morbi-mortalidad; costos futuros más elevados; aumento de la carga para los sistemas de salud y un retroceso en las ganancias de desarrollo económico y social.

En Cataluña, dicen que los pacientes ya notan los efectos de las medidas de recorte en la dispensación de la medicación antirretroviral, de hecho, desde el 11 de abril el Vall d´Hebron dispensa por separado los combos para dar los genéricos disponibles. En País Vasco, la agrupación de asociaciones antisida expresó su temor a que la consejería de un “paso atrás” en la lucha contra el sida.