La Comisión Europea aún no ha encontrado la vía para superar los recelos que el Plan Juncker de inversiones ha generado, entre otros, en el Parlamento Europeo, aunque confía en lograr una “solución satisfactorias” a las críticas provocadas por su decisión de desviar 2.700 millones de euros del programa Horizonte 2020 para ponerlo en marcha.
Los eurodiputados consideran que esta decisión (que también incluye recortes en infraestructuras) lanza un mensaje equivocado, y su oposición ha provocado el estancamiento de un plan que nació con la aspiración de ser aprobado con la mayor rapidez posible. Las previsiones de aplicarlo a mediados de 2015 no solo pasan por convencer a las cuatro comisiones parlamentarias afectadas (Presupuestos, Transporte, Asuntos Económicos e Industria). Fuera del Europarlamento también existe una presión similar para que el presidente de la Comisión Europea dé marcha atrás en esta decisión, al igual que hizo por ejemplo al devolver a Salud las competencias en política farmacéutica. Hasta ahora, la Comisión Europea ha insistido en varias ocasiones en que la investigación también se verá beneficiada de la ejecución de su Plan de Inversiones, pero la primera en ponerlo en duda es la comunidad científica.
Las quejas se han sucedido en organismos de investigación de muchos estados miembro, y se han visto coronadas por una carta remitida al presidente de la Comisión Europea por un grupo de 27 premios Nobel, que afirman que un recorte de estas características lanza el mensaje de que Europa no es el lugar adecuado para hacer Ciencia de alto nivel. Estas críticas se han visto respaldadas, entre otros, por el secretario de Estado de Comercio de Reino Unido, lo que obliga Jean-Claude Juncker a convencer, también, a los Estados miembro.






































