Desde 2002 la evolución de las dos principales funciones asistenciales que articulan el gasto sanitario (Servicios hospitalarios y especializados y Farmacia) ha sido dispar. También lo fue el efecto de los primeros recortes sanitarios, los acometidos a través de los reales decretos-ley del gobierno socialista (4/2010; 8/2010 y 9/2011), que la estadística de gasto sanitario público del Ministerio de Sanidad muestra ahora por primera vez con datos oficiales. Mientras que el gasto vinculado a los Servicios hospitalarios y especializados creció un 101,01 por ciento entre 2002 y 2011, más del doble de lo que creció Farmacia, que se incrementó en un 44,73 por ciento. Fue, de hecho, la partida que menos subió desde que se finalizaron las transferencias sanitarias.
Las medidas de control que ahora empiezan a surgir, como la propuesta andaluza de llevar las subastas de medicamentos al ámbito hospitalario, tienen su origen en estos datos. De hecho, acotando la evolución del gasto durante el quinquenio 2007-2012, los servicios hospitalarios se mostraron de nuevo como los más dinámicos, experimentando un incremento de 4,3 puntos porcentuales. Por su parte, Farmacia, con un comportamiento opuesto, cedió 1,6 puntos.
Las medidas incluidas en los reales decretos-ley de 2010 son la explicación. La contención dirigida sobre todo a la factura pública de medicamentos a través de receta tuvo como primera expresión la variación interanual del gasto sanitario público en relación al Producto Interior Bruto (PIB). Tras incrementos anuales constantes que habían alcanzado el 6,6 por ciento en 2010, el Sistema Nacional de Salud cerró 2011 con una factura de 67.689 millones de euros, el 6,4 por ciento del PIB, un nivel inferior al que se registró en el año 2009. La media anual de crecimiento del gasto sanitario público en el quinquenio 2007-2011 fue de un 2,9 por ciento. En este mismo período, el PIB creció, en términos medios anuales, un 0,2 por ciento.
Con estos datos, la función que mayor peso registró en el ámbito de la asistencia sanitaria pública fue la de los servicios hospitalarios, que representaron el 58,3 por ciento del gasto total consolidado en el año 2011; el gasto en farmacia ocupó el segundo lugar, con un 18,1 por ciento, seguido de cerca por los servicios primarios de salud, con un 15,1 por ciento. Con respecto a 2009, año en que finalizó la histórica tendencia alcista, el gasto farmacéutico disminuyó un 8,9 por ciento. También lo hizo el gasto en servicios de salud pública gracias a la compra centralizada en el otoño de 2009 por el entonces Ministerio de Sanidad y Política Social de la vacuna contra la gripe A (H1N1), por un importe de 333 millones de euros.
Diferencias autonómicas
La estadística de 2011 recoge también otros datos interesantes, relacionados con el asimétrico gasto sanitario de las comunidades autónomas. Extremadura, con un 9,9 por ciento; Castilla-La Mancha, con un 8,3; y Murcia, con un 8,1, fueron las comunidades que presentaron un porcentaje del gasto sanitario sobre el PIB más elevado. En el lado opuesto se situaron Madrid (4,4 por ciento) y las Islas Baleares (4,8). De estas dos últimas, además, Baleares fue la que más había reducido su gasto sanitario en 2011 (un 18,8 por ciento), mientras que Madrid fue una de las únicas cuatro comunidades que lo aumentaron (un 14,3 por ciento).
El reparto del gasto sanitario también arroja diferencias considerables. El porcentaje del gasto dedicado a personal osciló entre el 35,8 por ciento de Cataluña y el 57 por ciento de Castilla y León; el gasto en Servicios hospitalarios y especializados osciló entre el 52,3 por ciento de Castilla y León y el 69,8 por ciento de Madrid. La contribución del gasto farmacéutico al total del gasto sanitario público consolidado de las comunidades autónomas osciló entre el 14,4 por ciento de Islas Baleares y el 23 por ciento de Galicia.






































