| viernes, 27 de junio de 2014 h |

El sector sanitario-farmacéutico (13,7 por ciento) es, tras el bancario, el que atrae a más expatriados españoles. Así lo señala un reciente estudio de la aseguradora Mapfre. No obstante, también hay farmacéuticos que ya no salen de España con un trabajo bajo el brazo, sino que lo hacen para probar suerte en otros lugares, o tras ver como se le cerraban las puertas en España a su progresión académica, investigadora y asistencial.

Son aventuras que pueden acabar resultando muy positivas, como daría fe de ello María Castedo, farmacéutica compostelana que comenzó a trabajar en 2003 en una botica de Birmingham gracias a un contrato en prácticas y, once años después, acaba de ser reconocida por el National Heatlh Sistem británico como ‘Mejor farmacéutica’ de 2013 en las Islas. Pero Castedo no es un caso aislado. Son muchos los países internacionales que se benefician de las capacidades de farmacéuticos españoles en ámbitos como la investigación y docencia, pasando por hospitales y farmacias. Dichos países (o sus instituciones) han sabido ver el potencial que no se ha tenido en cuenta, o no se puede aprovechar, dentro de nuestras fronteras.

Una de las instituciones que más talento farmacéutico español ‘recluta’ es la Universidad Tecnológica de Sidney (Australia). Gracias a su catedrático Charlie Benrimoj, santo y seña de la Atención Farmacéutica internacional y ligado a la farmacia española, esta universidad beca a licenciados españoles para labores investigadoras en práctica farmacéutica. Victoria García ha sido la última en emprender ese viaje de 17.000 kilómetros. Desde hace unos meses, diseña y coordina allí diversas asignaturas relacionadas con la provisión de servicios profesionales farmacéuticos. Por otra parte, también lleva a cabo tareas investigadoras relacionadas con la gestión e integración de estos servicios en las boticas del país.

Al comparar la responsabilidad que tiene asignada con el escenario dejado en España, esta joven cree que, sin cambios, “en el futuro, personas formadas en esta disciplina tendremos un margen de maniobra limitado”. Eso sí, “aunque actualmente no contribuyamos al desarrollo de la disciplina en España, intentamos aportar nuestro granito de arena desde la distancia”, apunta.

Cuando esta farmacéutica investigadora aterrizó en Sidney se encontró con Daniel Sabater, otro joven español llegado hace un año y que actualmente lidera un proyecto investigador que tiene por fin implantar un servicio dirigido a pacientes con riesgo cardiovascular (RCV) en las boticas del país austral. “Esta universidad nos está ofreciendo la posibilidad de ser la primera generación de académicos españoles formados exclusivamente en práctica/atención farmacéutica, lo cual, desafortunadamente, no podemos conseguir a día de hoy en las facultades españolas”, afirma.

Pensando en el futuro, Sabater estima que “si en algún momento regresamos y la profesión consigue entender nuestro rol, podríamos ser de gran ayuda, ya que dominaremos una faceta que la farmacia española necesita si quiere avanzar en el desarrollo de nuevos servicios”. Benrimoj, tutor de ambos, también alerta que “si no existen expectativas profesionales en España, jóvenes como ellos no tienen motivos para quedarse”.

De punta a punta

No hace falta irse al extremo del globo terráqueo para encontrar otros ejemplos de farmacéuticos españoles que ejercen su labor más allá de nuestras fronteras. Estados Unidos, Inglaterra, Alemania… La lista de países receptores de talento farmacéutico ‘made in Spain’ es larga.

La Universidad de Navarra es una de las mayores canteras de farmacéuticos emigrantes. Por ejemplo, Marta Equiza, de la promoción de 2008, trabaja en Londres en el departamento de Farmacovigilancia de la European Medicines Agency, a lo cual contribuyó “el programa de estancias tuteladas en el extranjero que tiene esta universidad”, afirma. Por otra parte, Nerea Asiain, compañera de la promoción de 2000, es la encargada de dar formación continuada a los profesionales del Hospital de Mánchester (Inglaterra) sobre el uso seguro de medicamentos, así como revisar la medicación de los pacientes ingresados. También Alicia Galar salió de esta universidad rumbo a Boston (Estados Unidos) para llevar a cabo tareas investigadoras en el Hospital General de Massachusetts.

Ejemplos como estos, y otros muchos, forman unas nuevas generaciones de oro que la farmacia española no debería desaprovechar. El objetivo es que tengan motivaciones para su vuelta y que, si se produjese, no acaben infrautilizados. “No creo que, con la experiencia que tengo, me costase encontrar trabajo en España”, indicaba la mejor farmacéutica de Inglaterra, si bien, en su caso, no se plantea la vuelta. Quizá el problema estriba en que Castedo, y el resto de emigrantes, tiene fuera lo que no puede ‘ofrecerle’ España.