M.G. Valladolid | viernes, 07 de diciembre de 2012 h |

La investigación necesita de dos elementos fundamentales: capital financiero y humano. Y los emprendedores son uno de los puntos más importantes y vulnerables dentro de ese capital humano. Por eso, los participantes en el Café de Redacción organizado por el Grupo Contenidos se mostraron muy preocupados por su futuro.

En este sentido, debatieron sobre si España es un buen campo de cultivo para el nacimiento y desarrollo de los emprendedores y todos se mostraron bastante pesimistas. “Se están yendo al extranjero porque aquí hay muchas pegas para que su idea avance. Tienen una gran formación, pero no conocimientos sobre cómo vender su idea ni captar inversión. Deberían existir becas para estudiar fuera y también para trabajar y ver cómo funcionan las empresas”, aseguró Javier García, vicepresidente de Desarrollo de Negocio de Lilly.

“Hay que apoyarlos mucho más porque eso nos hace crecer, mejorar y conseguir más recursos”, añadió Enrique Ocio San Miguel, del Servicio de Hematología del Hospital Universitario de Salamanca, a quien apoyó el doctor Roberto Quesada, investigador de la Universidad de Burgos. “Las instituciones académicas españolas se gastan mucho dinero en formar a investigadores que luego generan beneficios en el extranjero”, explicó.

Por todo esto es cada vez más necesaria la financiación que una lo público y lo privado. “Debe haber un riesgo compartido. Hay que desarrollar proyectos que sean rentables, que tengan resultados y que estos reviertan en la sociedad bien como conocimiento o como beneficios económicos”, recalcó Manuel Ángel Franco, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo asistencial de Zamora, quien se mostró convencido de que “eso llamará a más capital, principalmente el privado”.

Todos destacaron la necesidad de que las empresas privadas entren a invertir en investigación básica y pusieron de manifiesto ejemplos que ya se están llevando a cabo en Salamanca, donde hay colaboraciones con lo privado para ensayos clínicos y desarrollo de programas informáticos, y en Burgos, donde se trabaja dentro del programa Open Innovation de Lilly. Aún así, Quesada lamentó que en el encuentro celebrado en Valladolid hubiera “muchos investigadores y solo una empresa” lo que es un reflejo de la realidad.

Tanto Quesada como Patricia García, también investigadora de la facultad de Química de la Universidad de Burgos, destacaron los beneficios de entrar a formar parte del proyecto de Lilly y tener acceso gratuito a sus paneles de ensayo para avanzar en la investigación. “Establecer esta colaboración ha permitido que podamos contar con equipamiento de forma gratuita y ha traído beneficios económicos porque los resultados obtenidos han terminado en un acuerdo de colaboración que supondrá una inversión de capital para seguir adelante”, recalcó García.

Estas ideas demuestran que las empresas privadas pueden formar parte activamente de la investigación y generar resultados. “El muro que hay que saltar es que a menudo se confunde inversión con gasto”, aseguró Javier García, quien destacó que muchas universidades extranjeras se han dado cuenta de que las investigaciones no solo les traen prestigio y son una obligación, sino que a la larga pueden tener también beneficios económicos que sean una importante fuente de financiación.

“La crisis nos ha manifestado que los recursos son finitos y que hay que aprovecharlos, tanto los públicos como los privados. Hay que sacar partido de la colaboración privada y reorganizar todo el sistema”, aseveró Franco, quien añadió que otro escollo que hay que salvar es que hay miedo a la entrada del capital privado en las instituciones públicas. “Se cree que la inversión privada es una especie de privatización, cuando la realidad es que es la única manera de salir adelante”, manifestó.

Los dos investigadores de la Universidad de Burgos destacaron que cada vez es más necesaria la colaboración con el sector privado y que hay que animar a las empresas españolas a que se suban al barco de la investigación. “Se llama a la puerta de muchas de ellas, pero hay investigadores que consideran que ese no es su trabajo y cualquier cosa que facilite este trabajo sería bienvenida”.

La dificultad de convencer a las empresas, tanto nacionales como extranjeras, de entrar a invertir en estos proyectos de investigación fue otro de los aspectos puestos sobre la mesa por Luis García, coordinador de investigación del centro de salud La Alamedilla (Salamanca), quien aseguró que “no están muy receptivas”. Según él, “muchas te llaman para informarse, pero a la hora de la verdad pocas cosas se materializan”, lamentó. García aseguró también que, más allá de la escasez de capital, no hay el suficiente espacio-tiempo para desarrollar una investigación.