carlos b. rodríguez Madrid | viernes, 24 de mayo de 2013 h |

El objetivo de una política sanitaria es maximizar la salud de la población dentro de los límites de los recursos disponibles y de un marco ético construido sobre la solidaridad y la equidad. Sometidos a la presión de garantizar la financiación pública de los medicamentos, las políticas farmacéuticas implementadas por todos los Estados miembro de la UE están socavando esos principios. Aunque las medidas de ajuste se han generalizado en los dos últimos años (ver tabla), sus efectos varían sensiblemente en función del PIB de cada país. La convergencia de precios en Europa necesita urgentemente aumentar sus dosis de solidaridad territorial, según se puso de manifiesto la semana pasada en la jornada ‘¿Pueden los ciudadanos europeos permitirse sus medicamentos?’, organizada por la Alianza por la Salud Pública (EPHA) en el Europarlamento.

Pese a lo que se pueda pensar, el impacto de la crisis sobre los presupuestos farmacéuticos no ha sido negativo en toda la UE en los últimos años, tal y como puso de manifiesto Christina Leopold, del Centro de Políticas de Precios y Reembolsos de los Medicamentos de la Organización Mundial de la Salud. Dinamarca, por ejemplo, gastó en 2012 una cifra cercana a los 1.600 millones de euros, un incremento del 0,1 por ciento, similar al que ya experimentó en 2011. En Finlandia, el gasto farmacéutico alcanzó los 2.000 millones en 2012, lo que supuso una tasa de crecimiento del 2,7 por ciento con respecto al ejercicio anterior. Algunos, además, han programado las primeras reducciones de su factura para 2013: 103 millones en Finlandia; 63 en Bélgica…

Frente a estos países, cuya política farmacéutica se ha venido desarrollando con relativa calma, se encuentran los recortes en Farmacia ya acometidos por los estados considerados económicamente más inestables. Después de las negociaciones con la troika, Grecia tuvo que recortar en 2012 un total de 2.800 millones de su presupuesto sanitario, que un año antes era de 4.100 millones, y lo hizo rebajando un 25 por ciento el precio de sus medicamentos y vetando las exportaciones paralelas. El acuerdo con Portugal supuso cifral el gasto sanitarios de 2013 en 8.300 millones en Sanidad, un 17 por ciento menos que en 2012. La vía empleada fue, de nuevo, la de los recortes de precios de medicamentos, especialmente en el sector hospitalario. En España, al descenso del 12 por ciento del gasto farmacéutico en 2012 se suma el 16 esperado para este año.

Precios diferentes

La diversa realidad que arrojan los mercados farmacéuticos se ha visto empeorada con los cambios generalizados a los sistemas de precios de referencia internacionales. La convergencia de precios generada por este sistema sigue redundando, según el economista belga Lieven Annemans, en la necesidad de encontrar una propuesta viable que permita la convivencia de precios diferentes en función de las capacidades económicas de cada país.

A modo de ejemplo, este experto explicó los resultados de un análisis llevado a cabo a partir de las ventas por cada 100.000 habitantes generadas entre 2005 y 2007 en 11 moléculas catalogadas como ‘valiosas’, es decir, fármacos con un beneficio terapéutico probado y que cubren una necesidad médica. A la cabeza de unidades adquiridas se situaron Irlanda, España, Francia, Reino Unido y Bélgica, todos ellos con más de cien envases (160 en el caso de Irlanda) por cada 100.000 habitantes. En el lado opuesto se situaron Letonia, Rumanía, Estonia, Polonia y Bulgaria, que quedaron muy por debajo de las 20 unidades.

La propuesta de este economista para conseguir un diferencial de precios que mantenga los principios de eficiencia, solidaridad y equidad en la prestación farmacéutica europea pasa, en primer lugar, por varias medidas en torno a los precios: transparencia de los mismos a PVL, retornos de inversión “aceptables y justificados” y tener en cuenta la disposición de los pacientes a pagar antes de tomar la decisión relativa al precio. Junto a ello, se crearían grupos de países con un PIB per cápita similar que marcarían el diferencia de precios bajo una sencilla fórmula: si el PIB per cápita de un clúster estuviera un 20 por ciento por debajo de la media europea, el precio de los medicamentos sería también un 20 por ciento más bajo para los países que engloba.