Pregunta. ¿De dónde saca esa pasión por la investigación y el conocimiento históricos?
Respuesta. Paso mis veranos en el litoral de Castellón, en el territorio del Maestrazgo histórico. El plan de la playa me aburre y empecé a visitar los pueblos del interior, y allí me encontré con testimonios sobre las guerras carlistas.
P. ¿Cuál ha sido su propia ‘historia’, dentro de esta industria?
R. No estaba en mis planes. Estudié biología, y pensé que iba a ser científico. Un día vi un anuncio, entré a trabajar en la industria en el departamento médico, pasé por áreas como marketing, tanto en España como en el extranjero, hasta llegar a la dirección general… Y así han pasado tres décadas, como un soplo.
P. Tiene usted fijación por un personaje histórico, Ramón Cabrera. ¿A qué se debe?
R. Es un personaje legendario, un caudillo romántico que si fuera americano lo veríamos en las películas.
P. ¿Queda algún poso del carácter de Cabrera en la industria farmacéutica, en general, o en Shire, en particular?
R. Es curioso. En Shire nos dedicamos, entre otras áreas, al trastorno por hiperactividad y déficit de atención. Sin que conste en sus biografías, incluida la escrita por mí, estoy convencido de que Cabrera tenía este trastorno. Por sus rasgos en su infancia y juventud y los testimonios de sus convecinos…
P. Lo que está claro es que usted se identifica con la lucha por las causas perdidas. ¿Tiene algo que ver con que su compañía luche contra las enfermedades raras?
R. Nunca lo había pensado. Pero la verdad es que son enfermedades desconocidas, negadas, con enfermos incomprendidos. La asociación está clara.
P. A enfermedad rara, medicamento huérfano. ¿De qué se ha quedado huérfana la política farmacéutica?
R. De mirada a largo plazo, de visión estratégica, de política industrial más allá del plazo de unas elecciones.
P. Uno de los protagonistas de esta política es el subdirector general, Carlos Lens. ¿A qué personaje histórico le asociaría?
R. Creo que es una persona muy capacitada y un buen servidor del Estado. Eso no quita para que a veces nuestros intereses sean contrapuestos. Tendría que repasar la lista de personajes históricos malditos quizás en su momento, pero recordados más tarde por su contribución al bien común.
P. Lens ha hecho alguna incursión en la novela histórica. ¿Le tiene en su biblioteca?
R. Tengo su obra sobre don Pelayo. Y tengo que decir que me ha parecido encomiable su capacidad para sacar tiempo para una obra como esta, ya que exige una gran labor de documentación.
P. Usted también ha hecho sus pinitos literarios. ¿Qué le animó?
R. Comencé a escribir tras escuchar a Fernando Díaz-Plaja, que dijo un día que él no escribía mucho, pero que no había día en el que no escribiera dos páginas. A partir de ahí, empecé a dedicar tres o cuatro horas cada noche.
P. ¿Cómo sería el cuento de Shire? Si puede ser, póngale un final feliz.
R. Érase una vez, una empresa insignificante que vendía productos poco diferenciados para patologías comunes. Con esfuerzo y una gran visión, ese pequeño negocio se convirtió en una empresa biotecnológica puntera dedicada a satisfacer necesidades no cubiertas para grupos de pacientes a los que otros no hacían mucho caso.
Javier Urcelay (Madrid, 1954) es licenciado en Ciencias Biológicas, aunque sus áreas de interés abarcan desde la literatura, a la arqueología, la filosofía o la historia. En esta última, destaca su pasión por un periodo, el de las guerras carlistas; y un personaje, Ramón Cabrera, de quien ha escrito una biografía. Un anuncio de empleo le abrió la puerta de la industria farmacéutica.






































