Lo de Marchamalo va bien. Lo dijo Carlos González Bosch, y si lo dice él y uno se topa con las infraestructuras inauguradas, queda claro que hay fondo de comercio para la distribución por un tubo. Uno de cada tres fármacos salen de allí, pero si me apuran podrían hacerlo hasta treinta y tres de tres. Bromas aparte, con la Reina por testigo, lo más serio en el ámbito institucional, y Dolores de Cospedal, la inteligente presidenta manchega, el presidente de Cofares dijo que han invertido “muchos recursos, ilusión y compromiso en desarrollar esta plataforma básica para su actividad, y muy importante para la gestión integral y la máxima calidad del medicamento”. Lo anoto por el esfuerzo y el desarrollo dispensado por el conjunto de los profesionales de Cofares, socios incluidos, faltaría más, en tiempos de crisis.
Y ahí, en estos tiempos, no podemos pasar por alto las dos cartas emitidas en Andalucía. La primera desde Aprofarma, firmada por el presidente Alfonso Monllor y el secretario José Enrique Sánchez. Es muy ilustrativa. La cuestión de las dispensaciones cuando el médico prescribe por principio activo está entrando en una dinámica indeseable. Esta asociación lo viene diciendo desde tiempo inmemorial: la prescripción por principio activo determina la dispensación de un medicamento de precio más bajo. Y cuando exista igualdad de precio entre genérico y marca, se dispensará el genérico. Esto es, sólo se puede dispensar marca cuando su precio es inferior al más bajo, y esto ocurre pocas veces.
La misiva dice además. Una cosa debe quedar clara: el cumplimiento de la ley no puede generar nunca intranquilidad. Esta, por el contrario, aparece cuando tenemos conciencia de que algo no hicimos bien. De ahí que no entendamos cómo, pese a todos los avisos, tengamos compañeros que, de forma insistente, sigan dispensando marcas indebidamente, por agradar a su cliente y, supuestamente no perderlo; o quitárselo a otro. La carta se plantea: ¿Cuáles son las consecuencias de dispensar marca en vez de genérico de precio más bajo?
Las conclusiones son claras. Por tanto, como el cumplimiento de la norma genera un halo de tranquilidad, invitan a todos a que dispensen conforme a la ley. De esta manera se evitarán varias cuestiones: a) que se devuelvan los importes íntegros de las recetas mal dispensadas; b) que se enfrenten unos compañeros a otros (el famoso “en aquella me lo dan”). Esto en sí mismo resulta patético, sabiendo cuál es el criterio legal de actuación; y c) que a río revuelto, el SAS tenga una ganancia injusta, consistente en mantener sujeto al sector, y por tanto que se le amenace, tal y como viene haciendo de forma constante.
Y la carta del ilustre presidente del Colegio de Sevilla, Manuel Pérez, insistiendo sobre la normativa vigente matiza finalmente la cuestión con estas palabras, “la dispensación de marcas y de medicamentos por encima de precio más bajo (marca o genérico) en la prescripción por principio activo, solo podrá realizarse con carácter excepcional. Dicha excepcionalidad (desabastecimiento o urgente necesidad) deberá ser acreditada fehacientemente”. Es lo que hay. Seguro.






































