Entre las redacciones sobre la reforma sanitaria que ha tratado el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud la semana pasada, aprobado por real decreto-ley el viernes por el Consejo de Ministros, el mazazo del copago tiene reacciones en todos los ámbitos. Porque aunque los objetivos generales de la reforma aprobada por el Ejecutivo que preside Mariano Rajoy consisten en mejorar la equidad en el acceso a las prestaciones de la cartera de servicios común, en preservar la calidad asistencial o en garantizar el derecho de los ciudadanos a la protección de la salud haciendo efectivo el principio de universalidad, lo cierto es que para garantizar la gratuidad y la igualdad de derechos sanitarios en todas las comunidades autónomas de nuestro país, hay que apurar mucho la inteligencia creativa dado el engranaje de los mecanismos que van a pasar en última instancia por las más de 22.000 oficinas de farmacia españolas.
En este sentido, considero que se trata de conseguir la sostenibilidad, de incrementar la eficiencia en la gestión y de promover la integración asistencial entre Atención Primaria y Atención Especializada. Porque conviene avanzar en la coordinación con Europa, eso sí, sin olvidar el derecho de los profesionales. Así pues, en esa Farmacia futura se incluyen las entusiastas manifestaciones para el que las quiera oír de la presidenta del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, Carmen Peña, que promueve urbi et orbi el cambio de chip para que la Farmacia Asistencial, inclinada hacia la Atención Farmacéutica más vanguardista se alce con la adecuada satisfacción profesional y financiera del “lugar embudo” del Sistema Nacional de Salud, la oficina de farmacia.
Ese trayecto final en el que acaban, para gloria de los pacientes, todas las inquietudes de la industria, las inversiones financieras en productos, los documentos de prescripción de los especialistas y el día a día de los médicos de Atención Primaria. Y en ese lugar, también confluye la labor de las cooperativas.
Está demostrado que de cada cien euros de beneficio en la oficina de farmacia hay entre 16 y 20 euros que corresponden al esfuerzo cooperativo de la distribución. Por ese motivo, quiero traer aquí también las observaciones realizadas por el presidente del Grupo Cofares, Carlos González Bosch, que en una entrevista concedida al diario económico Cinco Días, firmada por Noemí Navas, dice que las medidas le parecen positivas y apuntan en la buena dirección. Personalmente, creo que, en este momento en el que nos encontramos, pedir que todos hagamos un esfuerzo para financiar el gasto farmacéutico que generamos me parece algo muy razonable. Y aquí hay que poner un dato sobre la mesa: los españoles financiamos un 5,4 por ciento del gasto que generamos mientras que en Europa la media es del 15 por ciento. Y este dato creo que pone de manifiesto gran parte del problema que hay que solucionar en nuestro país.
Este copago sanitario racionalizará el consumo farmacéutico y a aumentar la financiación disponible para la Sanidad, evitando espectáculos en los que no se puede pagar porque no hay recursos disponibles para hacer frente a la factura. “Estas medidas tienen que ir complementadas”, dice González Bosch. Así, el presidente de Cofares sentenció que con una gestión eficiente del medicamento, sin entrar en las compras, se pueden alcanzar ahorros de entre el 10 por ciento y el 20 por ciento de una partida valorada en más de 5.000 millones. Seguro.






































