El documento es excelente. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) ha decidido poner el conocimiento adecuado al servicio de los ciudadanos. La información sobre el uso de los medicamentos en caso de ola de calor para este año es de una extraordinaria utilidad para boticarios y médicos de Atención Primaria. Porque hay personas que utilizan psicótropos y tienen riesgos particulares. Otras, al consumir ansiolíticos o hipnóticos, ante una mínima alteración de la eliminación renal o del catabolismo hepático pueden tener problemas. Por eso, los médicos y farmacéuticos deberíamos antes del verano localizar e informar a las personas con riesgo y durante la ola de calor recordar a los pacientes las consignas de protección y de exposición al sol.
Considero que resulta especialmente interesante e importante tener en cuenta a aquellas personas que tienen patologías cardiovasculares, sobre todo aquellas que se pueden desestabilizar en caso de deshidratación. Además, se sabe que la meteorología influye sobremanera en la aparición de síndromes coronarios agudos y accidentes vasculares cerebrales.
Los enfermos que tienen cardiopatías crónicas, los hay de varios tipos. Así, de una parte, aquellos que se benefician de tratamientos como los diuréticos, los inhibidores de la ECA o los ARA II. Estos tratamientos pueden inducir en algunos casos a hipotensión arterial o insuficiencia renal, y por eso es necesaria una especial atención por el riesgo implícito a la deshidratación. Otros son los pacientes que están tratados con agentes antiarrítmicos y hay que estar al tanto con ellos para adaptar las posologías. Finalmente, los enfermos polimedicados, mayores con patologías asociadas como diabetes o insuficiencia renal deberán contar con una atención especial. Es obvio que las personas con diabetes y otras patologías endocrinas o las afectadas de problemas uronefrológicos deberán ser vigiladas de cerca. Porque lo requiere la asistencia médica y la atención farmacéutica.
En definitiva, el informe de la Aemps nos lleva a considerar que en caso de ola de calor algunos medicamentos pueden agravar el síndrome de agotamiento–deshidratación o de golpe de calor, principalmente como los medicamentos que provocan alteraciones en la hidratación o trastornos electrolíticos. También aquellos fármacos que pueden afectar la función renal y drogas cuyo perfil farmacocinético puede ser afectado por la deshidratación, o algunos otros que pueden alterar la termorregulación central o periférica.
Por eso, pienso que es clave que los profesionales sanitarios tenemos que asumir que hay que “atarse los machos” y revisar la lista de los medicamentos de prescripción médica o de automedicación, utilizados por el paciente, e identificar aquellos que pueden alterar la adaptación del organismo al calor.
A este respecto, considero que debemos reevaluar la necesidad de cada uno de los medicamentos y suprimir cualquier droga que parezca ser inadecuada o no indispensable. En particular, pienso que los profesionales sanitarios debemos prestar mayor atención a los pacientes mayores en tratamiento con medicamentos neurotóxicos. Y sobre todo, estimo que debemos evitar la prescripción de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE), especialmente nefrotóxicos en caso de deshidratación. Y finalmente, debemos recomendar al paciente que no tome ningún medicamento sin consejo médico, incluidos los fármacos sin receta.






































