Si hace unos días nos dejó de manera repentina Pedro Rosique, presidente durante 27 años del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Murcia, el 14 de abril el sector farmacéutico desayunó con otra mala noticia: el fallecimiento del que durante 21 años fue presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, Pedro Capilla, una figura clave de la farmacia española y europea (presidió la PGEU entre 1989-1990 y entre 2004-2005, y fue vicepresidente de la misma entre 1990 y 1991). Y es que, el nombre de Capilla siempre estará unido a la historia de la farmacia. Una relación que se inició en 1969, cuando accedió a la secretaría del Consejo General, institución en la que en junio de 1988 dio un paso al frente, cuando su antecesor, Ernesto Marco Cañizares, le confío su sucesión. Poco podía imaginar que 21 años más tarde siguiese al frente de una institución que, según comentaba, le había dado “más satisfacciones que disgustos”.
Capilla, madrileño y madridista confeso (socio número 1.566 del Real Madrid), licenciado en Farmacia por la Facultad de Farmacia de Madrid, óptico por la Escuela de Óptica de Santiago de Compostela, inspector farmacéutico municipal y analista, y “boticario de a pie” en su farmacia de en la calle Sánchez Preciados, es historia de la farmacia. Él fue testigo de excepción de los innumerables cambios que se produjeron en el sector durante 40 años: desde aquel preconstitucional ‘R-64’, que fijaba los márgenes de las farmacias y la devolución del 1 por ciento de los beneficios hasta el Real Decreto de Mutualidades o el devastador RDL 5/2000 y sus actualizaciones. Desde una farmacia enraizada en el siglo XIX a otra que vive en el siglo XXI, con la receta electrónica, la trazabilidad y el desarrollo de la Atención Farmacéutica.
Si hay algo que destacaba de la personalidad de Capilla, era su gusto por el diálogo, algo de lo que puedo dar fe después de haberle entrevistado en numerosas ocasiones. Y rara es la vez que no salía de esos largos encuentros con una anécdota, con un pedazo de la historia de la farmacia, con su visión de una profesión a la que amaba, con su defensa de un modelo de farmacia: “El mejor del mundo”. … Y ese carácter dialogante es el que mostró con diferentes ministros de distinto color político. Desde Julián García Vargas hasta Trinidad Jiménez, un camino por el que pasaron Julián García Valverde, José Antonio Griñán, Ángeles Amador, José Manuel Romay Beccaría, Celia Villalobos, Ana Pastor, Elena Salgado y Bernat Soria. Diez ministros, “dos regímenes, dos jefes de Estado y seis presidentes de Gobierno”, decía.
Ese diálogo, así como el mantenido con los diferentes responsables autonómicos, tuvo sus costes, y sus beneficios. La moderación y la fluidez en la relación de la farmacia con las distintas administraciones sanitarias fue una tónica constante durante su mandato, aunque las ‘cesiones’ que hizo en aras de alcanzar diferentes acuerdos fueron una de las principales críticas esgrimidas por sus detractores, que los tuvo, aunque cuando tuvo que enfrentarse a alguien en unos comicios cuando se enfrentó en unos comicios (en 2003 y en 2006), sus rivales no pasaron de aspirantes.
En este contexto se situaron actuaciones como la que precedió al medicamentazo socialista de 1993, al ‘ceder’ a las pretensiones del secretario ministerial Santiago Mendioroz. O la negociación en 1994 con Amador para la devolución del 2 por ciento de la facturación total de la farmacia durante tres años. O la rebaja de los márgenes de las oficinas de farmacia, del 29,7 al 27,9 por ciento, de la distribución, hasta un 1,4 por ciento, y la liberalización de horarios decretada por Romay Beccaría. O la sangría del RD 5/2000. O… Quid pro quo.
“Me voy con las manos vacías y el corazón lleno de esperanza”. Así se despidió en EG de la presidencia del Consejo General. Ahora toca despedirle a él: descansa en paz, Pedro.






































