Los acuerdos de riesgo compartido son una opción interesante que debe aplicarse con prudencia. Si bien hasta ahora básicamente se han probado en fármacos innovadores, muy caros, su futuro puede no limitarse al ámbito de los nuevos medicamentos. Así lo señalaron los expertos que participaron en la LXI Jornada Fuinsa sobre las expectativas y futuro de estos acuerdos.
El primer acuerdo de riesgo compartido se firmó en Reino Unido en el año 2002. Desde entonces se ha convertido en una fórmula de uso creciente para combinar los intereses de la Administración y de la industria farmacéutica. La experiencia acumulada arroja una valoración positiva en cuanto a sus resultados y abre caminos para los futuros acuerdos. Carmen del Castillo, jefa de Área de la Subdirección General de Calidad y Productos Sanitarios del Ministerio de Sanidad, no ve inconvenientes, más allá de la dificultad de hacer un seguimiento, en aplicarlos bien en Atención Primaria, bien en el hospital, para medicamentos ya comercializados cuyas condiciones o indicaciones hubieran cambiado desde que se incluyeron en la financiación, lo que implicaría una nueva negociación de precio.
Además, la ley contempla la posibilidad de que la solicitud de revisión de precio de un medicamento puede partir de la propia compañía, lo que, según Héctor Jausàs, socio de Jausàs Legal, podría llevar a negociar acuerdos de este tipo, ya con el Ministerio, ya con los gerentes de los hospitales, ámbito en el que este tipo de acuerdos se concentran a nivel autonómico.
El futuro de los acuerdos
En Atención Primaria no, pero dentro de los hospitales ya hay algunos ejemplos que excepcionan la regla general de que los acuerdos de riesgo compartido son asunto exclusivo de los nuevos medicamentos. El motivo es sencillo: siempre hay pacientes que no respondan a las innovaciones. Miguel Ángel Calleja, jefe del Servicio de Farmacia del Hospital Virgen de las Nieves, de Granada, expuso algunas experiencias llevadas a cabo en este centro hospitalario andaluz, que desde 2011 ha ahorrado ya 18 millones de euros con este tipo de acuerdos.
No obstante, todo parece indicar que los futuros acuerdos seguirán protagonizando el ámbito hospitalario, porque ahí es donde existe una mayor incertidumbre. Es decir, su diversificación no es descartable, pero su futuro viene marcado por la filosofía con la que nacieron: hallar incentivos para la innovación al tiempo que se garantiza la sostenibilidad del sistema sanitario, y todo ello en un contexto de financiación progresivamente escasa y selectiva, y en el cual el precio adoptado en España puede tener implicaciones en otras jurisdicciones.
Los buenos resultados logrados hasta la fecha no obvian, para ninguno de los expertos, que sigue quedando mucho trabajo por hacer para mejorar el funcionamiento de estos acuerdos. En España, los ámbitos de mejora van desde una buena estructura de datos hasta una aclaración del nivel competencial, que en ocasiones dificulta la práctica de este tipo de acuerdo, pasando por un proceso de evaluación de la innovación “pautado y transparente”, según señaló Guillermo de Juan Echavarri, director de Relaciones Instituticionales de AstraZéneca.
Mucho queda también por hacer a nivel legal. Según Jausàs, la legislación vigente es escasa, por lo que deberían institucionalizarse las competencias, procedimientos, requisitos y elementos de los acuerdos de riesgo compartido. El proyecto de Real Decreto de Precios y Financiación es un inicio: contempla por primera vez con carácter expreso estos acuerdos así como los acuerdos de techo máximo, si bien a su juicio “debería regular en más detalle el procedimiento y clarificar cómo se hace efectiva la transparencia de los mismos”.
La propia experiencia internacional ayudará a dibujar el futuro de estos acuerdos, aunque Manuel García Goñi, profesor titular de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, vuelve a los orígenes de esta fórmula (el no solucionado dilema de la innovación) para plantear otro de sus posibles futuros: uno en el que no haya acuerdos. “El quid de la cuestión sigue siendo cómo financiamos las innovaciones —dice—, qué financiamos y cómo”. Según él, mientras los precios sean “tan altos” seguirán siendo necesarios este tipo de acuerdos; pero si bajan será más fácil que las innovaciones sean costo-efectivas y los acuerdos de riesgo compartido podrían entonces no ser necesarios.






































