Dicen algunos expertos en reputación digital que no es posible realizar una limpieza total de imagen, de la misma manera que es imposible caerle bien a todo el mundo. Seguramente Tonio Borg lo sabía cuando llegó a la Dirección General de Medio Ambiente, Sanidad y Consumo de la Comisión Europea, con una tarea indirecta: restaurar la reputación de Malta, tras la polémica marcha del anterior comisario, John Dalli, obligado a dimitir tras una investigación por presunto tráfico de influencias en torno a la reforma de la Directiva del Tabaco. A punto de abandonar su despacho de Bruselas, Borg puede presumir de haber cumplido de sobra, no solo como comisario comprometido con la salud, sino también como limpiador muy hábil con la bayeta y la fregona.
Buena muestra de ello es el interés que le puso a la directiva que se llevó por delante a su antecesor. Su empeño en limpiar los estados de la UE de los humos del tabaco le ha valido un galardón de la Organización Mundial de la Salud (OMS). No ha tenido tiempo de hacer lo mismo con el alcohol, aunque ha dejado puestas las bases tras la aprobación del Europarlamento de la estrategia en alcoholismo, llamada a ‘desetiquetar’ a los europeos como los que más alcohol consumen per capita en todo el mundo.
Estos esfuerzos le sirvieron para limar las asperezas que le había mostrado parte de la Eurocámara, que temía las consecuencias de su perfil ultraconservador en la UE. Pero la respuesta de Borg ante la crisis le supuso el espaldarazo definitivo de organizaciones que trabajan en el campo de la salud pública. Comprometido con el componente ‘social’ de la crisis y el valor de la salud como motor económico, Borg ha instado a los estados a dejar de ver la sanidad como una carga (bajo su mandato se aprobó la Declaración Vilnius) y les ha animado a no renunciar a gastar el 3 por ciento de su PIB en I+D.
El balance de sus prioridades también es positivo. Ha potenciado las normas de seguridad de los medicamentos a través, por ejemplo, del triángulo negro invertido que identifica los fármacos objeto de monitorización adicional. También es responsable del salto cualitativo que supuso la posibilidad de que los pacientes notifiquen reacciones adversas o del logotipo común para las farmacias que venden fármacos sin receta por Internet. La asistencia sanitaria transfronteriza o la prevención del cáncer han sido otras asignaturas aprobadas con nota.
No ha sido capaz de desencallar la directiva de Información al Paciente, quizá porque otros asuntos se han impuesto en la agenda. A su salida, se lleva clavada la espina de las desigualdades en salud que, pese a sus esfuerzos, han aumentado entre los europeos como consecuencia de la crisis. Sabe bien donde está el problema: en el hecho de que, en lo que a Sanidad se refiere, la UE “no es una auténtica Unión”. En efecto, aunque la Comisión Europea no tiene competencias en Salud, debe coordinar a los estados. Pero dos no se coordinan si uno no quiere… Afrontar esta tarea se le ha complicado a su sustituto, que llegará a una cartera muy mermada.






































