Siempre se ha dicho que el pez grande se come al chico, pero en este caso no ha sido así. O al menos, es posible que el pez chico haya crecido tanto que haya dado buena cuenta del que antaño era el pez grande. Eso sí, todo ello dentro del mismo entorno marino, un fondo que desde 1937, cuando Ramón Obella registró la marca y dos años más tarde el mismo Obella, los hermanos Fernández —José, Antonio, Manuel y Concepción—, Fernando Calvet; Fidel Isla y José Ruiz fundaron la compañía, se ha englobado bajo el paraguas de Grupo Zeltia. El caso es que el pasado 30 de junio se materializó, poco después del 75 aniversario de la creación de Zeltia, un proceso iniciado el pasado 26 de febrero, cuando se anunció que el proyecto de fusión entre esta y su filial PharmaMar derivaría en una nueva compañía que se englobaría bajo el nombre de uno de los ‘hijos’ del grupo químico-farmacéutico de Porriño: PharmaMar.
Al contrario de ese Saturno devorando a un hijo de Francisco de Goya, óleo perteneciente a las Pinturas Negras del artista aragonés, el proceso de fusión inversa que se ha dado en el seno de Zeltia ha dado como resultado que haya sido el ‘hijo’ (PharmaMar) quien haya devorado a Saturno (Zeltia). Un hijo, ‘parido’ por José María Fernández Sousa-Faro, a su vez presidente del Grupo Zeltia, casi medio siglo después de la creación de la empresa matriz, en 1986, y que se ha convertido en estos cerca de 30 años de vida en el buque insignia de la farmacéutica. Un líder en investigación, desarrollo, producción y comercialización de fármacos antitumorales de origen marino que tiene en Yondelis y Aplidin dos de las bazas que han provocado esta fusión inversa.
La absorción de Zeltia por parte de PharmaMar deja a las claras la intención del grupo que dirige Fernández Sousa-Faro: invertir todos los esfuerzos de la compañía en oncología. Y esto ha tenido que pasar por un ‘parricidio inducido’, algo que, en vista de los datos, que precisan que la rentabilidad del área de biofarmacia del Grupo Zeltia supera el 30 por ciento de la facturación total y que el cobro de royalties de productos farmacéuticos supone el 20 por ciento de los ingresos del grupo, parece lógico. Sobre todo porque todo indica que con su inmersión en el mercado estadounidense estas cifras no pararán de crecer.
Con esta inmersión en el océano realizada por la farmacéutica de origen gallego, cuyo programa de biotecnología marina para el descubrimiento de nuevos medicamentos de origen marino es pionero en el mundo, se pretende poner en valor la relevancia de PharmaMar respecto al resto de negocios del grupo. Una mayor visibilidad con la que PharmaMar tratará de ‘pescar’ (en un estanque como el Nasdaq, en el que se sumergiría en 2016) inversores institucionales especializados en el sector biofarmacéutico. Y es que, este nuevo paso dado por la compañía que dirige Fernández Sousa-Faro podría facilitar esta captación de nuevos fondos (en este caso bursátiles no marinos).
Mucho ha llovido desde que Zeltia iniciase su investigación y explotación de materias primas nacionales y la flora medicinal. Ahora, la razón de ser de la farmacéutica se encuentra bajo el mar (tratando de obtener un nuevo Yondelis) y en los océanos bursátiles (intentando obtener inversores para obtenerlo).






































