Redactor jefe de ‘La Razón’ viernes, 16 de mayo de 2014 h
Aunque el Ministerio de Sanidad y Farmaindustria parecen empeñados en transmitir la imagen de que la calma se ha restablecido en el sector del medicamento, lo cierto es que no son pocas las compañías y los dirigentes de las mismas que evidencian un hondo malestar por el cariz silencioso que toman los acontecimientos, y la intensidad con la que van calando las medidas de ahorro en sus cuentas de resultados. No aludo solo a la entente formada por las empresas del grupo americano, que históricamente han echado mano del embajador de turno en nuestro país cuando las cosas no venían bien dadas para que metiera presión al Gobierno. Aunque la alegría va por barrios y hay laboratorios que están logrando salvarse de la quema, muchos otros no dan abasto ante los múltiples frentes que se les abren casi a diario. Las gotas que esta vez están colmando el vaso de la paciencia de las compañías son los nuevos precios de referencia y la voracidad recaudatoria de las depauperadas autonomías, traducida en algoritmos, subastazos, facturas planas y otros eufemismos dirigidos a relanzar los precios bajos, con independencia de todo lo demás.
Especialmente críticos han sido estos días Jordi Ramentol, a cuya empresa el real decreto ministerial puede hacerle perder varias decenas de millones; o López Belmonte hijo, quien no descarta trasladar sus factorías a Rumanía o Marruecos si los precios que se fijan en España son precisamente los que rigen en esos dos países. Al margen de la posible querencia de ambos dirigentes a comandar Farmaindustria, el enfado que están transmitiendo dentro del sector es más generalizado estos días de lo que podría parecer. Enfadan, como ya se ha dicho, las ocurrencias autonómicas. Como enfada la pasividad (así se juzga) del Ministerio de Sanidad a la hora de abortarlas. Enfadan también las ocurrencias de éste sobre la necesidad de adoptar el precio más bajo de Europa. Y enfada que el departamento ministerial promueva el típico juego de “poli bueno/poli malo”, en el que el director general de Farmacia, Agustín Rivero, asumiría el primero de los papeles, y el heterodoxo Carlos Lens el segundo. Tampoco gusta la inhibición del ministerio que comanda Ana Mato a la hora de defender determinados planteamientos: no son pocas las empresas que se topan con la respuesta de que “nosotros no podemos hacer nada porque nos obligan Economía, Hacienda o Álvaro Nadal, el responsable de la Oficina Económica de Moncloa”. Así las cosas, no son pocos tampoco los dirigentes que añoran la etapa de José Martínez Olmos, al que consideraban un interlocutor válido, en una recreación del dicho de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.
¿Qué líder patronal del sector contactó con José Martínez Olmos en busca de ayuda? ¿Moverá este hilos en Andalucía?
¿Qué página del informe de Boston Consulting cuyo número empieza por 3 ha empezado a enseñar Farmaindustria a las asociaciones de pacientes? ¿Qué conocida mujer de la industria dice que dicho informe está “vivo” y, por tanto, no caducará?
¿En qué comunidad estudia Farmaindustria abandonar la mesa de negociación?
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