El 22 de julio de 2000 un desconocido militante socialista llamado José Luis Rodríguez Zapatero inició un relevo generacional en el PSOE que consiguió unificar un partido lastrado por la crisis interna. Es difícil evitar las comparaciones con Pedro Sánchez, que en un abrir y cerrar de ojos ha pasado de secundario a protagonista. De la noche a la mañana (de la del domingo a la del lunes, para ser más exactos) su triunfo en la carrera para sustituir a Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE competía con el de la selección alemana de fútbol por las portadas de los periódicos, y ha abierto todo un debate sobre lo que cabe esperar del nuevo secretario general.
Para algunos, la llegada de este licenciado en Ciencias Económicas, que hasta ahora compatibilizaba la política y la docencia y que fue nombrado ‘diputado revelación’ en 2010 por los periodistas parlamentarios, hace pensar en lo que ya se conoce como un Zapatero 2.0, o sea, renovación total… Y, al menos en Sanidad, su programa parecía prometer eso. Inicialmente, Sánchez se presentaba como partidario de “ajustar” la prestación de servicios como sanidad y educación “en función de la renta de cada ciudadano”. La redacción huía claramente de pronunciar la palabra “copago’, que se ha constituido en una estrategia clave del PSOE en lo que va de legislatura. Pero aun así, las similitudes con la reforma farmacéutica de Ana Mato eran demasiado evidentes y el partido no estaba en condiciones de abrir nuevas brechas, sino de cerrar filas en torno a un nuevo líder.
El caso es que poco después, la web del candidato, cuya entrada en el Congreso en sustitución de Pedro Solbes data del 15 de septiembre de 2009, eliminaba esta propuesta y la sustituía por una opción totalmente radical, y al mismo tiempo continuista para los socialistas, en la que se apostaba por garantizar que los servicios básicos del Estado de bienestar sean “universales y gratuitos” para todos los ciudadanos y, concretamente, por “eliminar” los copagos y “extender” las coberturas en materia de salud.
No es su única promesa en Sanidad, que también pasa por “introducir racionalidad en la prestación de los servicios públicos” y “aumentar los recursos destinados a sostener el Estado de bienestar”, de manera que se pueda “ampliar el catálogo de prestaciones gratuitas a aquellos que no puedan sufragarlas”. Por si fuera poco, durante la campaña puso en valor la defensa del estado de bienestar de la ejecutiva del PSM, poniendo como ejemplo el recurso de Tomás Gómez contra el euro por receta.






































