Los 1.198.010 votos recibidos por el cabeza de lista de Convergència i Unió, Artur Mas, en las elecciones autonómicas celebradas en Cataluña hace poco más de un año, el 28 de noviembre de 2010, le auparon a este a la presidencia de la Generalitat y dieron por concluidas las dos legislaturas socialistas en el gobierno de esta comunidad autónomas cimentadas en el Pacto del Tinell que, firmado junto con Esquerra Republicana de Catalunya y la coalición rojiverde ICV-EUiA, y que auparon a la plaza Sant Jaume a Pascual Maragall y a José Montilla. Un triunfo electoral que devolvió a CiU el gobierno de la Generalitat que esta formación había ostentado desde 1980 en manos de Jordi Pujol.
Y ha sido un nuevo triunfo electoral, los 1.014.263 de votos cosechados en las generales del 20-N, que le han permitido a CiU obtener 16 escaños en el Congreso de los Diputados, lo que le ha dado a Mas carta blanca para incidir en una serie de recortes, ya emprendidos durante el primer año al frente de la Generalitat, de los que no ha salido indemne la Sanidad catalana. Así, Mas ha sido pionero en poner encima de la mesa (aunque anteriormente ya lo apuntó, por ejemplo, la ex consejera de Sanidad catalana Marina Geli) la necesidad de establecer un ‘tique moderador’ para hacer frente al “abuso y exceso de recetas”. Es decir, el copago que ya en 1991 quedó apuntado en el ‘Informe Abril Martorell’.
Arturu, barcelonés de 55 años, tiene claro que para atajar el déficit de la comunidad que gobierna es necesario adoptar medidas duras, y sabe que en la reducción del número de recetas hay un campo de mejora para producir ahorros. No en vano, este licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, sabe de lo que habla cuando se trata de las arcas públicas catalanas, al frente de las cuales estuvo, en calidad de consejero de Economía y Finanzas de la Generalitat desde el 30 de julio de 1997 hasta el 19 de enero de 2001, cuando el presidente Pujol le nombró conseller en cap.
Y lo que también parece tener claro es que, a pesar de tratarse de una medida que no goza de muy buena reputación, al igual que sucediese con Las Flores del mal de su admirado Charles Baudelaire, tiene tres años por delante para obtener resultados y, además, es posible que sea una de las vías que deba explorar Mariano Rajoy cuando forme Gobierno. Hoy por ti y mañana por mí.
Eso sí, no impedirá que como en Los Miserables, de su también admirado Victor Hugo, haya profesionales sanitarios que se sientan tan perseguidos como lo fue Jean Valjean por el inspector Etienne Javert. Y es que, en poco más de un año la Sanidad catalana se ha visto como uno de los grandes objetivos del ánimo ahorrador de Mas, que, sin embargo, ha pasado por alto otras partidas menos problemáticas.
Así, no le tembló el pulso para recortar un 10 por ciento toda la Sanidad, para reestructurar los servicios de urgencia (es decir, cerró centros de salud por la noche, reagrupó servicios de diferentes hospitales en un solo….), para hablar del ‘tique moderador, para retrasar pagos a faramacias y para mostrar interés en trocear el Instituto Catalán de Salud… ¿Privatización? ¿Poliza privada?






































