Las subastas no son buenas. Es evidente. Empeñarse en seguir adelante con este sistema es cuanto menos incomprensible. Porque hay pocas cuestiones de actualidad que pongan tan de acuerdo a un sector como este sistema de adquisición de medicamentos puesto en marcha por la Junta de Andalucía. Sólo lo quieren los que lo crearon (hasta cierto punto puede resultar lógico) y Podemos. Y vistos los argumentos de unos y otros para apoyar la medida queda patente que lo hacen por confrontación política pura y dura. No hay más. De lo contrario no se entendería el empecinamiento en seguir usando un sistema injusto y que acrecienta la ya de por sí habitual inequidad del sistema de salud andaluz.
Las jornadas sobre subastas que han organizado EG y GM en Sevilla la semana pasada han servido para recordar la ineficacia de la medida. El espectacular seguimiento que han tenido a través de Twitter y el intenso debate surgido en la sala durante los dos días de celebración del evento, han supuesto un eficaz altavoz para difundir con datos y argumentos lo que realmente se está consiguiendo con las subastas. Lo vivido la semana pasada en Sevilla no es más que el reflejo del actual momento político que estamos viviendo y que nos deja cada vez más claro quién está dispuesto a escuchar, quién quiere solo ser escuchado y quién quiere decir solo lo que los demás quieren escuchar.
Así las cosas, llegará el 20-D y la población, más preparada que nunca, podrá poner a cada uno en su sitio. Y a la gente no le gusta que sus políticos no tengan las cosas claras. Y Podemos es evidente que hablando de subastas, no tiene para nada las cosas claras. No se puede apoyar algo solo por no posicionarse al lado del partido que está enfrente a nivel ideológico. Eso ya no sirve. Eso es parte de la vieja política. Ahora prima escuchar, entender los momentos y gobernar para la población, para todos. No sólo para algunos. Son los nuevos tiempos y el que no lo entienda, verá la vida pasar sin ser protagonista.
A la gente le gusta que sus políticos tengan las cosas claras y no que basen sus decisiones por pura confrontación






































