Que el nuevo escenario político ha pillado a contrapié a más de uno es un hecho cierto y rotundo. Que quien no entienda lo que está pasando se va a quedar fuera de la foto, es otra verdad incontestable. Esto no es lo que era y el nuevo gobierno nacional que salga de las elecciones del próximo 20 de diciembre poco se va a parecer al que hemos vivido/sufrido estos últimos cuatro años. En Andalucía por ejemplo, están en plena tramitación de la Ley de Garantías y parece que el PSOE andaluz no se ha dado cuenta de que ya no tienen el control mayoritario del parlamento. Que enfrente tienen a unos parlamentarios que deciden con su apoyo qué sale adelante y qué no. Porque de otra forma no es comprensible que presenten unas cifras de gasto sanitario alejadas de lo prometido y planteado en la propia Ley de Garantías y mucho más alejado de lo que exige Ciudadanos, el partido que les permitió gobernar. Cuestión de herencias políticas. En este nuevo mapa político triunfará el que sepa entender el momento. Y no tengo todas conmigo con que la vieja guardia sepa entenderlo, y si lo entienden tengan la capacidad de desterrar viejos modos de hacer política.
Porque lejos quedan esos tiempos en los que gobernar con mayoría era lo habitual. Queda lejos hasta en el gobierno nacional y eso que todavía está vigente la legislatura. Pero en sanidad, por ejemplo, tiene toda la pinta que tras la publicación de la Orden de Precios de Referencia, poco más queda por hacer. Y más todavía, después de que Alfonso Alonso haya sido elegido presidente del Partido Popular vasco. El trabajo está hecho. Una vez apagado el fuego sanitario y metido en vereda el embrollo que se había montado, Alonso acude a sofocar un nuevo incendio.
Ahora el foco político se desplaza a las autonomías hasta que conozcamos lo que nos deparan las urnas el próximo mes de diciembre. A la espera.
Parece que el PSOE andaluz no se ha dado cuenta de que ya no tiene
el control mayoritario del parlamento






































