Cuando se pasa del Gobierno a la oposición parece que se pierde todo el glamour, pero Ana Pastor se las ha arreglado muy bien para seguir en el candelero. Mientras el PP acumula botellas de cava para descorcharlas en el balcón de Génova el 20 de noviembre, las quinielas ya apuntan a que la ex ministra tendrá un papel prometedor en el más que posible ejecutivo de Mariano Rajoy.
La primera la sitúa en el Congreso de los Diputados. Pastor, diputada por Pontevedra, donde seguramente volverá a encabezar a su partido en las elecciones, es vicepresidenta segunda de la Mesa. Allí ha tenido que batallar esta legislatura con la vicepresidenta primera, la socialista Teresa Cunillera, y el presidente de la Cámara, José Bono. La más que posible apertura de la Cámara a grupos minoritarios indica que Rajoy estaría interesado en situar al frente del Congreso a alguien con capacidad de diálogo y consenso, y ella ha acumulado muchas papeletas.
La segunda la sitúa como la María Teresa Fernández de la Vega del ejecutivo de Rajoy. Es decir, como ministra de Sanidad y además con una importante vicepresidencia a su cargo.
La explicación es sencilla: su actividad frenética, que raya la ubicuidad y que según las malas lenguas ha llegado a provocar algún que otro contratiempo en el seno del PP, y el interés en que Rajoy asistiera a muchos de los actos en los que participa. Y son muchos: sanidad, educación, mujeres, inmigrantes…
Es una política todo terreno, lo que explica que sea una de las pocas ex ministras del Gobierno de José María Aznar que a fecha de hoy ocupa todavía un puesto de relevancia en el aparato del PP. A ello también ha contribuido, es obvio, su amistad con Rajoy y que se remonta al inicio de su vida política (la de ella).
Aunque nació en un pueblecito de la provincia de Zamora y estudió Medicina en Salamanca, su sino ha sido entenderse con los gallegos: padre gallego, marido gallego, tuvo que venir otro, José Manuel Romay Beccaría, por entonces consejero de la Xunta, a meterle el gusanillo de la política. Luego llegó Rajoy e hicieron tan buenas migas que se convirtió en su más leal colaboradora.
Todo eso terminó por llevar a Pastor al Ministerio de Sanidad, aunque no era la primera vez que lo pisaba. En la segunda planta se examinó para opositar a funcionaria. Claro que, por aquel entonces, nunca se imaginó que llegaría a subir a la cuarta. ¿Quizá dos veces?
Tras su paso como ministra, Pastor salió del ministerio con la sensación de haber logrado un Sistema Nacional de Salud cohesionado y coordinado, y lleva ocho años denunciando la falta de liderazgo y de interés de los ministros socialistas para desarrollar su Ley de Cohesión.
El tiempo también parece haberle dado la razón en política farmacéutica, o al menos en lo que se refiere al sistema de precios de referencia, que el PSOE se ha visto forzado a resetear después de ocho años. Ahora, en sus múltiples comparecencias, entrevistas y actos protocolarios, Pastor anuncia una “revolución” en las retribuciones salariales del SNS, nuevo caballo de batalla del gasto sanitario… El glamour en la oposición puede estar a punto de acabar.





































