Alberto Cornejo Madrid | viernes, 20 de mayo de 2016 h |

En sus primeras declaraciones tras ganar el pasado 5 de mayo en las urnas la presidencia del Colegio Oficial de Farmacéuticos de La Rioja, Mario Domínguez manifestaba que si algo le hacía especialmente “feliz” -más allá de resultar vencedor, que también- era que se hubiese cosechado “el mayor porcentaje de participación en la historia de los comicios” en este colegio riojano. El nuevo presidente celebraba así un porcentaje que, si bien es cierto fue histórico, los fríos números lo sitúan en el 53 por ciento del censo colegial. Es decir, apenas uno de cada dos colegiados riojanos se acercaron a la sede colegial a emitir su voto para elegir sus nuevos representantes.

Aunque pueda parecer lo contrario, Domínguez tiene, estadísticas en mano, motivos para sacar pecho ante la respuesta de sus compañeros a esa llamada en las urnas. Y es que, de un análisis de EG sobre los últimos procesos electorales abiertos en colegios farmacéuticos en el último lustro (2012-2016), puede extraerse que en aquellos que desembocan en paso por las urnas (los menos), los farmacéuticos ejercen su derecho a ‘no’ votar. En concreto, en la última tanda de comicios en los 54 colegios (entre 2014 a 2016), solo en 13 de ellos (24 por ciento) se recurrió a votaciones finales al confluir varias candidaturas. Pues bien, en cerca de la mitad (seis de 13) ni tan siquiera se consiguió movilizar al 50 por ciento de sus colegiados.

Incluso, de los que sí lograron superar esa frontera del 50 por ciento, ninguno logró cuotas por encima del 66 por ciento. Este es el listón que marcó el COF de Castellón en sus comicios de 2014, en los que sus profesionales eligieron a Sergio Marco como nuevo presidente.

Una media del 41 por ciento

El cómputo global del paso por las urnas en esos trece COF arroja una participación media de apenas un 41 por ciento (ver mapa). A esta baja cifra contribuye sobremanera la pírrica participación de los colegiados madrileños en sus elecciones de 2014, donde se tocó suelo: un 16 por ciento. En resumen, más de la mitad de los farmacéuticos españoles no votan en los comicios profesionales. Cabe recordar que las últimas elecciones generales que celebró España en diciembre de 2015 concluyeron con una participación del 73,2 por ciento.

Huelga decir que en muchas de las corporaciones, sus colegiados (en especial las nuevas generaciones), no han podido ‘medir’ su nivel de implicación ante una llamada a las urnas, al acumular diversas legislaturas con candidaturas únicas a los procesos electorales. Por citar algunos ejemplos, este sería el caso de Cáceres (12 años), Badajoz (otros 12), Sevilla (16)…

No obstante, en aquellos otros en los que recientemente se les ha presentado la oportunidad de votar veinte años después de la última vez, como ocurrió en el COF de Ávila el pasado mes de abril, tampoco esa ‘novedad’ se ha refrendado en los resultados finales: 48 por ciento de la participación. Todo ello a pesar del llamamiento común a votar en el que coincidieron en campaña quien se alzó con la presidencia, Inés Barco, y su oponente. “Es cierto que las peculiaridades geográficas de esta región puede dificultar o retraer a los farmacéuticos a desplazarse a la sede colegial en la capital a votar”, exponía por entonces Barco.

Desde los colegios nada se puede hacer contra la dispersión geográfica. Pero, respecto a otras posibles causas, como la desafección del colegiado con su corporación, sí tienen mucho que decir –y hacer- para revertir la situación. Precisamente, el objetivo de “acercar el colegio a los farmacéuticos, que lo sientan como suyo” suele ser una de las frases más repetidas en los programas de los candidatos a presidentes colegiales.

Otra variable a analizar sería la fecha: si situar el paso por las urnas en día laborable, como así optó el COF de La Rioja, o en jornada dominical. Aún siendo el domingo día de cierre de boticas y libranza de plantillas (salvo guardias), no parece constatarse un beneficio expreso en la participación de los colegiados.

En el objetivo de facilitar la participación de los farmacéuticos en los comicios de sus colegios electorales y conseguir así, en principio, una mayor implicación, el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Barcelona quiso implantar una pionera herramienta en su último proceso electoral abierto el pasado mes de marzo: un sistema de voto electrónico. Sin embargo, el análisis sobre sus beneficios en una mayor participación tendrá que esperar, dado que la presentación de una única lista a los comicios (encabezada nuevamente por Jordi de Dalmases y la cual ya ha tomado posesión este 19 de mayo) ha impedido tan siquiera probar la herramienta. La misma queda, por tanto, guardada en el cajón hasta que sea rescatada en comicios futuros. Una apuesta por el voto electrónico (que conviviría con los modelos tradicionales, como el voto presencial y por correo ordinario) que precisamente pretendía “ampliar los mecanismos de participación de los farmacéuticos, a pesar de que en este caso implica mayores dificultades técnicas”, explicó por entonces su presidente, De Dalmases. En concreto, el recien renovado presidente la farmacia barcelonesa defendía que el e-voto “es una forma de reducir los obstáculos, ya sean geográficos o de horario, que todos tenemos y que no queremos que sean un impedimento para poder emitir el voto”.

La tasa más alta es del COF de Castellón con un 66% (2014), mientras que Madrid tocó ‘suelo’ en 2014 con un 16%

La dispersión geográfica (desplazamiento a la sede), así como el desapego, ¿causas de la escasa participación?