Bartolomé Beltrán
Jefe de servicios médicos A3Media
| viernes, 28 de marzo de 2014 h |

Vivimos en el siglo del cerebro, el XXI. Se ha producido un espectacular avance en el conocimiento de su funcionamiento y su implicación en multitud de comportamientos, enfermedades y rasgos de la personalidad. La empatía no es una excepción. Los estudios de imagen cerebral han permitido avanzar en el conocimiento de las bases cerebrales de la empatía y empiezan ya a mostrar qué le ocurre al cerebro al empatizar con otro individuo.

Según explica el psicólogo Luis Moya en su libro La empatía. Entenderla para entender a los demás, las personas empáticas son más queridas y más felices. Es más, sus beneficios hacen de la sociedad una sociedad menos violenta y más solidaria. Sabemos que violencia y empatía comparten bases biológicas que van más allá de las estructuras cerebrales, pues incluyen también algunas sustancias como hormonas y neurotransmisores.

Moya define la empatía como la capacidad fundamental para desenvolvernos de forma adecuada en la sociedad, que permite entender mejor a los otros y ayuda a alcanzar tanto el éxito personal en las relaciones con la familia y los amigos, como el profesional, favoreciendo que seamos más sensibles a las necesidades y deseos de aquellos con los que trabajamos. Ponerse en el lugar de los demás, eso es la empatía. Y hacerlo tanto desde el mundo de las ideas, desde el prisma cognitivo, que sería la capacidad para comprender la mente de otra persona; como desde el de las emociones, es decir, de cómo nos sentimos ante lo que ocurre a los demás.

“Empatizar es fácil para algunos, parece que les viene de fábrica y no tienen que hacer mucho esfuerzo para ello, pero es difícil y complejo para muchos otros”, subraya Moya, quien matiza que nacemos con una predisposición biológica a ser más o menos empáticos, marcada por los genes, las hormonas y cómo se ha formado nuestro cerebro. Sin embargo, la educación recibida, las experiencias vividas y el ambiente en el que crecemos hacen que se desarrolle en mayor o menor medida la capacidad de empatizar.

Destaca que estados psicológicos como la depresión y la ansiedad impiden ser empático, aunque en la mayoría de los casos se recuperará la capacidad de empatizar conforme se trata y soluciones el trastorno emocional. Además, también hay quien sufre trastornos psicológicos o de la personalidad como el trastorno del espectro autista o la esquizofrenia carecen de empatía, lo que dificulta notablemente su relación con los demás.

De todos modos, la empatía es aún un tema casi inexplorado que, según recientes estudios científicos, ofrece multitud de ventajas. Así, Moya demuestra con su trabajo la importancia de desarrollar esta capacidad y a través de sus escritos nos ayuda a comprenderla para poder así comprender también a los demás, extendiendo sus beneficios a toda la sociedad. No nos olvidemos de que la educación en empatía es el camino hacia la no violencia porque favorece la tolerancia, la convivencia, el respeto y la solidaridad. Seguro.

Empatía es la capacidad fundamental para desenvolvernos de forma adecuada en la sociedad

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