V. G. Madrid | viernes, 13 de julio de 2012 h |

Llega el verano y, como todos los años, los profesionales sanitarios deben tener muy en cuenta las condiciones climáticas a la hora de desarrollar su trabajo. Uno de los aspectos más importantes es atender a la conservación de los medicamentos. En este sentido, se debe señalar que para contar con la autorización de comercialización todos los fármacos son sometidos a ensayos de estabilidad en unas condiciones estandarizadas e internacionales que marcan, a posteriori, los requisitos de su conservación, tanto a la hora de distribuirlos como a la hora de dispensarlos y consumirlos.

Sin embargo, en los periodos de canícula, o en periodos de ola de calor, cuando las condiciones se vuelven extremas, los farmacéuticos deben extremar el cuidado del material y seguir ciertos pasos. Para ello, y aunque los estándares están marcados, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) publicó la semana pasada una nueva edición del informe sobre el buen uso de los medicamentos en caso de ola de calor, en el que se determinan una serie de pautas a tener en cuenta.

En principio, según explicó la farmacéutica del departamento técnico del Centro de Información del Medicamento del COF de Sevilla, María Luisa Hermosa, “las condiciones de conservación no varían, ya que vienen así en el cartonaje y se circunscriben a eso, pero sí es verdad que en verano hay que extremar el cuidado prácticamente con todos los medicamentos”. Esto, evidentemente, exige el mantenimiento de ciertos protocolos. Para empezar, el farmacéutico debe garantizar la correcta conservación, siguiendo procedimientos normalizados de trabajo de registro y control de temperatura (marcados por ley), tanto del frigorífico como del local.

Pero no solo eso. Según explica el presidente del COF de Badajoz, Cecilio Venegas, el boticario debe tener en cuenta, además, el caso de cada paciente para identificar, revisando la lista de fármacos utilizados por el mismo, cuáles tienen mayor riesgo de sufrir golpes de calor. “Así, en caso de que el paciente esté utilizando algún medicamento que pueda alterar la adaptación del organismo al calor, si se trata de un fármaco de prescripción médica, deberá remitirlo al médico, y si se trata de uno que no la necesita, valorará él mismo la necesidad del medicamento por parte del paciente”, señaló.

Por otro lado, en lo que respecta a conservación, resulta importante diferenciar entre los medicamentos que comportan menciones especiales de conservación, que se dividen en dos grupos: los que se conservan entre los 2º C y los 8º C y los que requieren una temperatura inferior a 25º C o a 30º C; los fármacos conservados a temperatura ambiente (soportan 40º C durante seis meses); y los casos especiales, entre los que hay que destacar las formas farmacéuticas específicas, como los supositorios, los óvulos o las cremas, que según Hermosa “pueden perder la consistencia” en condiciones de calor extremo, y los medicamentos utilizados en condiciones especiales.

A partir de dicha clasificación, el boticario debe tener especial cuidado con el almacenamiento, seguir cuidadosamente las instrucciones para conservar las especialidades farmacéuticas termolábiles e informar al paciente de las especificaciones técnicas de transporte necesarias para mantener la cadena de frío.