Hasta ahora, todo aquel boticario que no aplicase buenas prácticas en su labor diaria no podía excusarse en la inexistencia de documentos de referencia. Desde finales de los 80, la Federación Internacional Farmacéutica (FIP) ha publicado junto a la Organización Mundial de la Salud (OMS) diverso material sobre ello. El último, las “Directrices sobre buenas prácticas en farmacia”, en 2011.
Aún, ese mismo boticario podría justificar su desinterés en que esos documentos no recogen la realidad de su quehacer profesional, al tratarse de directrices globales para toda la farmacia internacional. Pues bien, desde el 8 de octubre, esa excusa ha dejado de tener sentido. Ese día se presentó en Madrid la ‘Guía de buenas prácticas en farmacia comunitaria en España’, un documento de consenso elaborado por el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos (CGCOF), pero con muchas otras entidades detrás. En concreto, diversos colegios farmacéuticos provinciales (Barcelona, Cádiz, Guipúzcoa y Zaragoza), la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (Sefac), la Fundación Pharmaceutical Care y la Universidad de Granada. Un documento “con muchos padres, pequeño en hojas pero grande en filosofía”, resumió en su presentación Carmen Peña, presidenta del CGCOF.
Precisamente, otras bondades que destacó Peña es que se trata de “un documento de fabricación propia que ordena toda la documentación existente hasta la fecha sobre cómo adoptar un comportamiento más activo en la farmacia comunitaria nacional”. “Es un cambio en mayúsculas de lo que hasta ahora se exigía en nuestra labor”, refrendó en dicho acto Borja García de Bikuña, presidente de Pharmaceutical Care. Otros de los presentes, como Ramón Jordán, presidente del COF de Zaragoza, solicitaban “el esfuerzo individual de farmacéuticos y colegios” para llevar a la práctica la teoría que recoge el documento.
Todas las actuaciones
Este documento pone ‘negro sobre blanco’ el buen quehacer profesional en todas las actuaciones que se llevan a cabo en la farmacia comunitaria. Desde la adquisición, dispensación y gestión de medicamentos “que ya requiere estándares de calidad”, como recordó Encarnación Álvarez (secretaria del COF de Cádiz), hasta sus responsabilidades asistenciales y cara al exterior (colaboración en la docencia).
“Las responsabilidades del farmacéutico cambian a la par de las necesidades del usuario”, indicó Miguel Ángel Gastelurrutia, vicepresidente del COF de Guipúzcoa. Por ello, este documento recoge recomendaciones concretas para el buen ejercicio de funciones cada vez más importantes en las boticas como el correcto seguimiento del tratamiento farmacológico del paciente, la evaluación y control de su estado de salud, participación en programas de prevención…
Las buenas prácticas de puertas afuera de la botica fueron defendidas por Marichu Rodríguez, presidenta del comité asesor de Sefac, y Fernando Martínez, miembro del Grupo de Investigación en AF de Granada. En este sentido, Rodríguez apostó “por una mayor implicación en prácticas tuteladas”. Por su parte, Martínez abogó por “aprovechar el potencial de los farmacéuticos para su participación activa en los planes de estudio”.
El desánimo por la crisis, las medidas de recorte y otras cuestiones como los impagos podrían revelarse como uno de los obstáculos a la hora de que el profesional asuma ese esfuerzo que pedía el presidente del COF de Zaragoza para implantar estas buenas prácticas. Pero Peña lo dejó claro: “Esta hoja de ruta no va a ser doblegada por la crisis”.






































