| viernes, 13 de mayo de 2011 h |

Pablo Martínez, periodista e historiador

Trágala es hoy por hoy sinónimo de imposición, de obligar a alguien a aceptar algo por la fuerza. Aunque el Diccionario de la RAE en su primera acepción señala que es la “canción con que los liberales españoles zaherían a los partidarios del gobierno absoluto durante el primer tercio del siglo XIX”, es decir durante el Trienio Liberal de 1820 a 1822, encontramos un antecedente en la colección de grabados Los Caprichos de Goya, publicados en 1799. En el número 58, “Trágala perro”, unos frailes intentan curar a un hombre aterrorizado aplicándole una lavativa con una jeringa de descomunal tamaño.

El propósito de la Junta de Andalucía de imponer a los farmacéuticos andaluces las subastas de medicamentos hasta el nivel de subgrupos terapéuticos de nivel 4, y el hecho de que tras el rechazo mayoritario de los colegios de farmacéuticos (la empresarial andaluza Ceofa y la sociedad científica Sefac ya se habían pronunciado en contra), haya anunciado que se retrasarán los pagos de recetas a las farmacias más de cien días, constituye un “trágala” en forma de jeringazo similar al ideado por Francisco de Goya. También es un “trágala” político en la línea de las coplillas mencionadas del Trienio Liberal. Una de ellas, dedicada a Fernando VII, decía: “Tu que no quieres/lo que queremos/la ley preciosa/do está el bien nuestro./Trágala, trágala,/trágala perro/”. La consejera de Salud andaluza, María Jesús Montero, parece que ha tomado la copla al pie de la letra hasta situarse voluntariamente al borde del mismo precipicio que su homóloga gallega, Pilar Farjas, a comienzos de año.

Los farmacéuticos andaluces están cargados de razón, su oposición se basa en que las subastas supondrán una alteración del catalogo de medicamentos autorizado por la Agencia Española del Medicamento para toda España y en las mismas condiciones de acceso a los mismos para todos los españoles. El Gobierno central tendrá que hacer de tripas corazón con sus compañeros de partido y recurrir las subastas andaluzas igual que recurrió el catálogo gallego.