Pablo Martínez, periodista e historiador
Desde que Felipe II declarara la suspensión de pagos de los asientos (obligaciones del Estado de hoy en día) en 1557, España ha repetido esa situación en diez ocasiones más, la última de ellas en 1939, cuando Francisco Franco se negó a pagar la deuda de la II República. La macroeconomía actual es totalmente global. España las pasó canutas cuando la Unión Europea decidió rescatar a Grecia, y de ese ajuste se deriva el Real Decreto Ley 8/2010, con durísimos ajustes. Ahora la situación de Irlanda vuelve a pasarnos factura. Hay pronósticos para todos los gustos, desde los facilitados por Kenneth Rogoff, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional y profesor de Harvard, que augura la bancarrota de toda la zona euro; a planteamientos aparentemente menos radicales, como el de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, que señala que si se cumplen con rigurosidad los recortes introducidos en el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2011 y las comunidades autónomas no incurren en más desviaciones presupuestarias que la deuda que ya acumulan, podrá solventarse la confusión en los mercados derivada de la crisis de Irlanda y el posible contagio de Portugal.
Desde la perspectiva del Sistema Nacional de Salud en general, y de la prestación farmacéutica pública en particular, el escenario no es halagüeño en absoluto. Parece que la primera opción y más prioritaria, como es lógico, será evitar la suspensión de pagos, o incluso la quiebra del Estado, pero parece que para ello se tiene que asumir como casi inevitable el cumplimiento de las previsiones presupuestarias para 2011, que rebajan un 6,21 por ciento sus previsiones con respecto a 2010 y, en el caso de la sanidad un 4,22 por ciento menos, lo que representará cerca de un 10 por ciento por debajo del gasto sanitario real del presente año. En pocas palabras, será necesario asumir que o cambian drásticamente las actuales prestaciones del Sistema Nacional de Salud, incluida la farmacéutica, o habrá suspensión de pagos en la sanidad, planteado como un mal menor. El escenario actual no podrá prolongarse a lo largo de todo 2011.






































