Pablo Martínez es periodista e historiador
La pasada semana asistí a un desayuno coloquio con Ana Pastor, coordinadora de Participación Social del Partido Popular, vicepresidenta del Congreso de los Diputados y ex ministra de Sanidad. Según avanzaba en su discurso, inmediatamente lo relacioné con La guerra de los mundos, el mítico programa radiofónico dirigido en 1938 por George Orson Welles (1915-1985), que consiguió atemorizar a los ciudadanos de Nueva York, que creyeron que se estaba produciendo una invasión de marcianos.
“¿Qué tiene que ver una cosa con otra?”, me preguntó intrigado el farmacéutico de mi calle al que le estaba contando la intervención de la ex ministra. “¿Pretendes reducir a ciencia ficción su discurso político?”, añadió con el tono de voz un poco más airado. Yo me di cuenta que podía haberle molestado. Nos llevamos muy bien, él nunca ha ocultado sus simpatías por el PP y yo tampoco le he engañado con respecto a mi escepticismo. “Mira”, le dije, “es lo contrario de lo que piensas, porque lo que quiero subrayar es que Ana Pastor goza de una cualidad de la que carecen la mayoría de los políticos, tiene credibilidad”. Lo que atemorizó a los ciudadanos de Nueva York en 1938 fue el realismo de la crónica: explosiones, entrevistas apresuradas, cortes… Todo resulto creíble.
Pastor, ministra durante sólo dos años, consiguió en ese escaso tiempo aprobar por consenso dos leyes importantísimas, la de Cohesión del Sistema Nacional de Salud y la de Ordenación de las Profesiones Sanitarias. Ése es un magnífico punto de partida para prestar atención a esta política, pero si al hacerlo te das cuenta, además, de que sabe muy bien de lo que habla y que genera confianza, te convences de que tiene muchos triunfos en sus manos.
Sus propuestas: programa marco, receta electrónica compatible, cartera de servicios única, margen diferencial para genéricos, revisión del Real Decreto 5/2000, incorporar a las comunidades autónomas a una agencia que sea una la versión española de la FDA, rebosan sentido común y, además, en su boca suenan creíbles.






































